DIEGO CASTANO NICHOLLS

sábado, 27 de febrero de 2010

El Misil

Aquel dia puse el siguiente aviso en una pagina de internet de avisos clasificados internacionales: “Compro Misil Tierra-Aire, Tipo portátil. Cualquier modelo. No acepto fabricación China. No insista”. Cerraba el aviso con la dirección email.

Seis meses después de arduas negociaciones con el sirio Muhammad al-Samman llego el misil por la estrambótica vía Latakia (Siria)- Puerto Cabezas (Nicaragua)- Nuqui (Colombia). Por cuestiones de seguridad me abstengo de mencionar a que ciudad del interior debí trasladarlo en medio del más absoluto sigilo, preferiblemente en horas de la noche y por carreteras en el más impresionante estado de abandono. La traída del misil se convirtió en una verdadera odisea pues no se trataba de una sola caja, como cualquiera puede imaginar, sino de siete cajas de muy distintos tamaños. El misil, como podrá darse cuenta el lector, venia desarmado. Estupefacto quede al ver esa cantidad de cajas. Cada una traía una etiqueta media carta, supuestamente en ruso pues, debo decirlo, esta era la procedencia del misil. Cada etiqueta venia numerada con un numero del uno al siete.

Aclaro que los números era lo único que entendía. Al azar tome una caja de tamaño mediano, que resulto ser la numero tres, la abrí con extrema precaución tratando de conservarla sin rasguños y roturas, por si me veía obligado a devolver el misil. Allí venían mas de cincuenta piezas pequeñísimas con otros tantos tornillos un poco mas grandes que los de un reloj, unas cuantas mangueras y resortes, dos hojas escritas en ruso, desde luego, y un plano que imagine indicaba como armar esa pequeña pieza del misil.

En aquel momento comprendí que jamás podría armarlo, salvo que supiera ruso. Entre a internet y busque que cursos ofrecía la Web. ¡Horror! Un millón setecientas ochenta mil paginas. Abrí una pagina al azar que resulto ser una academia en Novosibirsk que en pésimo español se definían como el mas importante centro para aprender este idioma, después de inscribirse y cancelar una fuerte suma en euros. Di un salto al veinteavo link y lo mismo: otra academia ahora en Burkina Fasso que anunciaba más o menos lo mismo pero en francos de Bur, cuya tasa de cambio desconocía. Las quince o veinte consultas siguientes anunciaban todas academias al rededor del mundo que no permitían tomar un curso sin antes inscribirse respondiendo un enorme cuestionario y, desde luego, enviando una no despreciable cantidad de dinero.

Convencido que no podría aprender ese idioma, al menos por internet, tome la decisión de recurrir al viejo sistema de poner un aviso como lo había hecho para la compra de SAM, que así llamaba cariñosamente al misil, tal como lo llaman en los altos mandos militares de todos los países, y también en los mas bajos fondos del trafico internacional de armas. Y puse el aviso en una página internacional de internet de oferta de empleos.

Aviso: “Busco mecánico para armar misil ruso Tierra-Aire, tipo portátil”. Y consigne mi dirección email. Quince días después revise mis correos. Además del mensaje de cumpleaños de mi nieta Juanita había sesenta y dos correos en respuesta a mi llamado sobre SAM de los cuales la mayoría provenían de supuestos físicos chinos seguidos por físicos de Albania, USA a los que no les creí porque a simple vista vi la mano de la CIA tratando de tenderme una celada, y un solo ruso llamado Grigori Tchaikovski, el cual inmediatamente llamo mi atención por su profesión y, no puedo negarlo, su musical apellido que despertó en mi una cierta confianza. Además, como yo, entendía algunas palabras de ingles. Iniciamos un va y viene de emails y a través de ellos descubrí que sabia tanto de español como yo de ruso. Para mi eso no importaba. Lo malo era que Tchaikovski vivía en Yukutsk. Pensé, sin embargo, este es mi hombre. Grigori dijo ser Físico Nuclear de la Universidad Patricio Lumumba, experto en misiles Tierra-Aire, los que decía armar y desarmar con los ojos cerrados. Nunca se detuvo a preguntarme para que quería yo un misil. Lo que si le importo fueron los cinco mil euros por la asesoria que me prestaría por internet para armar a SAM. Desde un principio descartamos la venida al país dado que desde Yukutsk ir a cualquier parte del mundo es extremadamente oneroso.

En el tercer o cuarto mail me planteo que el trabajo se haría en cinco etapas y que cada etapa tendría un costo de mil euros. No habría etapa siguiente si no era cancelada con anticipación vía Western Union. Primero le ofrecí pagarle tres mil euros bajo una larga lista de circunstancias con las que quería asegurar mi dinero. A todo dijo que no. Termine diciéndole a todo que si y aceptando que su responsabilidad llegara hasta armar a SAM, pues no asumía responsabilidad sobre su funcionamiento. Era enfático en eso. Aseguraba que muchos de esos misiles eran fabricados en China y todos sabemos lo que eso significa. Ojo, decía en un mail, si llega a ser chino puede estallarle en las manos causándole fuertes laceraciones, pero no hará mas daño que romper algunas bombillas y causar un gran ruido que despertara a los vecino.

Todo mail de Grigori era un suplicio para descifrarlo. En la academia que estudio español no le habían enseñado mas que bestialidades, y el, con el tiempo me fue tomando confianza y ya no se esmeraba, como al principio, por hacerse entender. Luego del primer giro que me costo un ojo de la cara en comisiones bancarias e impuestos me llego un mail de Grigori que me vi en problemas para descifrar. Debo aclarar que no fue uno sino cuatro mails los que tuvo que enviarme hasta que logre entender que solicitaba fotocopia de las siete etiquetas que traían las cajas. Me apresure a responderle que eso no valía mil euros. Horas después llego un mail de Tchaikovski (cuando se enfadaba no firmaba “atte, Grigori” sino con un áspero “Tchaikovski”) en que me decía que si los valía y que me apresurara porque una organización subversiva suramericana lo estaba contratando para armar doscientos misiles de los mismos. Pronto viajaría con todos los gastos pagos a Sudan para armarlos.

En vez de fotocopias le envié fotografías de las etiquetas. Dos días después abrí ansioso un mail de Grigori con asunto “urgente” que decía: “No ser misil Tierra –Aire. Ser misiles Mar- Aire. Necesitar submarino nuclear para lanzarlo. Otro trabajo. Honorarios deben revisarse. Grigori”. Quede atónito. Me fui de espadas. El espaldar de la silla impidió que cayera al suelo. Probablemente me habría desnucado. Toda la noche estuve meditando en el asunto. En los días siguientes envié por internet el siguiente aviso para ser publicado en el Pravda.com de Moscú, obviamente traducido al ruso por Grigori: “Compro submarino nuclear de segunda. No chino, no insista. Debe funcionarle el lanza misiles.” Quince días después tenia ciento doce ofertas de submarinos hasta de cuarta mano, la mayoría venían de China y de Bulgaria, y una oferta de un submarino venia de Venezuela. ¡Ciento doce!. Quede asombrado. A mi entender toda la flota mundial escasamente llegaba a esa cifra. Grande asombro me produjo saber que el gobierno de Venezuela estaba vendiendo prácticamente toda su flota agobiado, como mas tarde supe, por el altísimo costo de los repuestos y porque, sabiéndolo o no, todo repuesto que compraban resultaba chino. Pero eso fue nada comparado con la sorpresa que me causo el mail, aparentemente procedente de Rusia, ofreciendo un submarino nuclear que se encontraba en algún lugar del océano Pacifico entre Pangui y Tumaco. ¡Eso es Colombia! Grite alborozado. Pero algo huele mal, muy probablemente la mafia rusa o la colombiana o, peor aun, las FARC, me quieren estafar.

A partir de ese momento mi vida cambio radicalmente, pues en medio de mi euforia, respondí el mensaje sobre el submarino colombiano. Mi primer mail no fue respondido, ni el segundo, ni el tercero.

Una madrugada de domingo mi esposa abrió la puerta a dos personas que preguntaban por “el señor”. Se identificaron cortésmente como funcionarios del Departamento de Seguridad del Estado. Me identifique como pensionado, sin ocupación distinta de la mecánica casera.
­-Ya saben -les dije- arreglar la ducha, cambiar bombillos y cosas de esas.
-¿Dónde aprendió física nuclear?, me pregunto el mas bajito, mientras miraba debajo de la carpeta bordada por mi nuera, regalo a mi esposa en la navidad pasada.

Entre tanto mi esposa permanecía a mi lado con una inconfundible expresión de espanto.
-¿Dónde esta el misil?...¿trabaja solo o en compañía?...¿a qué organización subversiva pertenece?...¿quién es Grigori Tchaicovski? …¿Dónde conoció a Muhammad al-Samman?...

Ninguna de las preguntas alcanzaba a responderla porque la siguiente me lo impedía. De mi parte estaba poniéndole más atención al estado de salud de mi señora que al interrogatorio. Ella cada segundo estaba más pálida y en algún momento pensé que se desmayaría.

No se de donde saco fuerzas para preguntarle al mas alto
-Pero que es lo que pasa?, y como era su costumbre antes obtener respuesta volvió a preguntar,
-Les gustaría un tintico?
-No señora, dijo el más bajito, no podemos recibir nada cuando trabajamos. E inmediatamente me miraron los dos representantes de la Ley y me dijeron vamos a hacer una inspección ocular en toda la casa ya que no nos quiere decir donde esta e misil.
-Que es un misil? pregunto mi señora y antes de que el más alto le contestara, pregunto: que es una inspección ocular?

Los representantes de la Ley entendieron que a ella no tenia caso responderle y empezaron a buscar a SAM en cada rincón de la casa.

Al cabo de unos minutos, mientras mi esposa y yo permanecíamos sentados en el sofá de la sala, aparecieron los de la Ley con SAM en la mano, todavía en sus cajas intactas, sin un rasguño.
_Aja! con que este es… y comenzaron a abrir las cajas una a una. De la más grande y alargada sacaron un tubo como de un metro de largo que traía una placa. En ese momento el más alto exclamo.
-¡Pero si es chino!. A mi me paso un sudor frio por todo el cuerpo y creo que me desmaye.

Alcance a escuchar que el más bajito le decía a mi señora, cuando salía hacia la calle
-Dígale que tenga mucho cuidado porque se le puede explotar y romperle todas sus porcelanas.
*****

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