DIEGO CASTANO NICHOLLS

martes, 9 de mayo de 2023

 HISTORIA DE ARGENTINO Y LA MAQUINA MARAVILLOSA




    En la capital de un lejano país  de la América, muy rico y extenso, de cuyo nombre no me acuerdo ahora, vivía un elegante caballero llamado Ómar Argentino Schiplei, cuyos ancestros  habían llegado de la lejana Europa Central hacía muchos años y se habían establecido allí en condición de agricultores. El padre de Argentino quiso enseñar a su hijo el oficio del que todas las generaciones anteriores habían vivido. Pero Argentino aborrecía ese oficio y había jurado que jamás lo practicaría porque no pasaba de ser un oficio de pobres. A él lo que más le gustaba era especular. Si, especular era lo que con mayor placer solía hacer Argentino. Compraba cachivaches que luego vendía a sus amigos por un precio superior  haciendo con ello una ganancia que lo dejaba pleno de satisfacción. Es así que trabajar, lo que se llama trabajar de sol a sol como lo habían hecho sus antepasados Argentino nunca lo había hecho. Sin embargo Argentino tenía inteligencia y además era astuto. No propiamente un genio financiero pero si se defendía con ciertos trucos que a él lo hacían creer que era un verdadero mago de las finanzas. Cuando Argentino llego a los diez ocho años, edad que había esperado con suprema ansiedad, sin esperar partir la torta que le tenía preparada su madre para celebrarle tan grandioso acontecimiento Argentino lo que hizo fue correr a un banco de la ciudad a solicitar una tarjeta de crédito. Después de un corto interrogatorio por el oficial del banco, al que Argentino contesto con meros embustes, logro recibir el preciado plástico del que continua aferrado hasta hoy, fecha que se narra esta historia. La tarjeta es su fiel compañera; digo mal las tarjetas han sido siempre sus fieles compañeras. Argentino varios años después de este episodio, se caso y como la mayoría de los que se casan tuvo varios hijos. Su mujer y sus hijos recibían de Argentino periódicamente el dinero para sus gastos. Vivían cómodamente en un pequeño apartamento en un barrio de clase media de la ciudad. Buena parte de sus gastos consistían en en adquirir bienes que servían solamente para ostentar ante sus vecinos una riqueza que no tenía. “Debemos vivir bien y con lujo” les decía Argentino cuando su mujer en medio de las periódicas crisis económicas le reprochaba el despilfarro de los dinero obtenidos con sus tarjetas de crédito. Es que Argentino, ya se ha dicho, no tenía una ni dos tarjetas sino varias de ellas que fue acumulando una tras otra desde aquella mañana en que adquirió con engaños la primera. El lector ya se habrá dado cuenta que Argentino obtenía una nueva tarjeta con un amplio cupo el cual utilizaba inmediatamente para cancelar la deuda de la que más lo estuviera agobiando y lo que quedaba de cupo lo gastaba la mayoría de las veces en fruslerías amen de los gastos ineludibles del hogar. Argentino era un buen padre que no negaba nada a su amada esposa y a sus varios hijos. Diariamente a la hora de las noticias se sentaba frente al televisor esperando la noticia que lo hacia el hombre más feliz sobre la tierra, aquella que anunciaba que el banco tal o cual iniciaba una promoción de tarjetas de crédito. Todo el que quisiera una podía ir por ella pues además estaba la ventaja inmediata de que, con su nueva tarjeta, podía “comprar la deuda que tuviera en otras tarjetas”.  “Comprar la deuda” era la parte más  esperada de la noticia. Consistía sencillamente en que con su nueva tarjeta podría pagar la deuda total de las otras tarjetas y, como cereza de la noticia, tendría un excedente del que podría vivir sin afanes por unos cuantos meses. Estas noticias despertaban en Argentino más felicidad  que los triunfos de la selección nacional de futbol sobre la selección de sus países  vecinos.   Argentino corría al banco de marras con su discurso fabricado hace mucho tiempo, y últimamente sin necesidad de discurso, obtenía el ansiado plástico que traería felicidad a su hogar hasta la  promoción de un nuevo banco o de una cadena de almacenes que querían desbancar la cadena de almacenes ya establecida, pero que ya se encontraba en riesgo de entrar en el articulado de la ley de quiebras. 

    Un caluroso día de verano, cuando Argentino se paseaba por los arrabales de la ciudad vio entre un arrume de basuras que llevaban ahí muchos días un raro aparato de aspecto antiguo pero en perfecto estado. Después de tenerlo entre sus manos por un rato pensó “esto no parece servir ni como chatarra” y decidió dejarlo donde estaba. Argentino continúo su camino; pero el extraño artefacto seguía presente en su cabeza donde ya comenzaba a tomar forma de algo conocido. “La verdad --se dijo—es que parece ser una antigua impresora y que todavía funciona, la llevare a la casa e intentare hacerla funcionar de nuevo”. Ya en casa, con el artefacto encima de la mesa del comedor  de donde había retirado mantel, florero, cuadernos y libros de estudio de los hijos, Argentino inicio la meticulosa exploración y limpieza cuidadosa del aparato. Primero la conecto a la corriente. En seguida escucho el sonido que le indicaba que algo se estaba ajustando en su interior. Una pequeña puerta se abrió. Luego se ilumino la pantalla y apareció la leyenda “Introduzca documento y presione Enter”. Argentino arranco una hoja del primer cuaderno que vio en su desespero y lo introdujo por la misteriosa puerta y presiono Enter. En la pantalla ahora apareció un nuevo letrero “Falta papel”. Argentino tomo una nueva hoja en blanco, la puso en la cavidad que acababa de abrirse y dio una vez màs Enter. El sonido se le hizo familiar: era efectivamente una impresora y acababa de copiar con asombrosa fidelidad la desordena hoja arrancada del cuaderno de su hijo. Atrás dijimos que Argentino se sentía un mago de las finanzas y por supuesto lo primero que se le vino a la mente, viendo la increíble fidelidad de la maquina, fue imprimir un billete. Busco con afán en su bolsillo el billete menos destartalado y lo copio. -------“Perfecto—pensó—ni el cajero mas avisado se daría cuenta que no es legitimo” En ese momento Argentino noto que la maquina maravillosa tenia al respaldo una leyenda que leyó: “Pertenece a Bernardo Carlos Reyes Acosta, BCRA” Y pensó: Pues señor BCRA, ahora le pertenece a Argentino, mago de las finanzas. Todos en aquella familia estaban estupefactos al ver la felicidad que le brotaba a Argentino por sus poros. “Ahora somos ricos—les decía frotándose las manos--, podremos viajar por el país y al exterior, adquirir coches, uno para cada uno, mejorar la vivienda, estudiar en las mejores universidades, compraremos  todo cuanto se nos antoje” La esposa de Argentino estaba dichosa porque al fin tendría una vida mejor; sus hijos no cabían en la felicidad, sus abuelos, que vivían con ellos, vieron esta la mejor oportunidad de su vida, sus hermanos y primos y tíos…es decir toda la familia de Argentino que supo de la maquina maravillosa hicieron fila para que los hiciera participes de su suerte. Todos los ciudadanos comenzaron a tener dinero en sus bolsillos. Era tanto lo que en su pobreza querían comprar que en las tiendas se agotaron los surtidos; los tenderos comenzaron a subirle los precios al escaso surtido que tenían. También ellos gozaban de la maquina maravillosa de Argentino. Mientras tanto Argentino debía atender las obligaciones adquiridas con sus múltiples tarjetas de crédito. Pero cuando Argentino quiso cancelar sus deudas con los billetes que fabricaba con su máquina los bancos se negaron a recibirlos pues sabían que los billetes de Argentino cada día que pasaba compraban menos cantidad de cada artículo. Ellos no podían perder su dinero recibiendo un dinero que cada día compraba menos. Alguien le dijo que sus billetes no tenían poder adquisitivo. Esta frase dejo perplejo a Argentino. Sin embargo Argentino corrió a su casa y fabrico una enorme cantidad de billetes que los entrego a sus amigos, a los tenderos, a profesores de escuela, a conductores de bus. A medida que recibían los billetes de Argentino necesitaban una mayor cantidad de ellos.  Pero no todo era felicidad para Argentino. Ocurría que sus billetes no servían sino en el pequeño perímetro de su vecindario. Cundo él se desplazaba a otros sectores de la ciudad a adquirir bienes que no se conseguían en su sector tenía que hacer uso de su tarjeta de crédito. Esto lo obligaba con alguna regularidad a presentarse al banco donde tenía su mayor deuda y lograba que le dieran una nueva tarjeta de crédito, con mayor cupo, por supuesto. Inmediatamente cancelaba la deuda que ahora era gigante, no solo por el abultado capital sino por los escandalosos intereses. Las artimaña que usaba Argentino con el banquero era simple pero inteligente. Le hacía caer en cuenta que si no le entregaba la nueva tarjeta el banco perdería todo el dinero que había puesto en él; en cambio al darle el ansiado plástico habría hecho una operación financiera perfectamente válida y legal que le reportaba cuantiosas utilidades al banco. Además terminaba diciéndole 

---“Escoja, señor gerente, si usted no me entrega la tarjeta la perdida de que le hablo lo pondrá en la picota ante sus superiores y será el hazme reír de sus colegas banqueros, en cambio dándome una nueva tarjeta las ganancias de su oficina crecerán, recibirá una felicitación de sus superiores y el perenne reconocimiento de sus pares” 

   Hemos dicho que Argentino tenía una familia numerosa. Y en las familias numerosas generalmente hay un hijo que se aparta de los principios de sus padres. Este hijo era Javier, muchacho díscolo, inteligente y de carácter explosivo que criticaba el proceder de su padre y por sobre todo el uso de la maquina maravillosa a la que él llamaba como su padre BCRA, haciendo referencia a la placa que tenía en su respaldo. A decir verdad en ese momento la maquina era así llamada por todos los habitantes de la ciudad y de sus alrededores. Javier insistía que las dos debilidades de Argentino eran la maquina maravillosa y las tarjetas de crédito y que su uso indiscriminado llevaría a la ruina a la familia y a la ciudad. 

   ---“Quiero destruir esa máquina infernal y que dejes de usar esas tarjetas que no son otra cosa que el anzuelo con que te tienen capturado los bancos para que les ayudes con su vergonzoso negocio de prestarle dinero a  todo el que lo solicite, mientras les cancelen los intereses que ellos ya se gastaron sin haberlos recibido” 

   ---“¡No, qué va! respondía Argentino mientras acariciaba a BCRA, tal como abrazaba el viejo Ebenezer Scrooge su libro de cuentas” 

A esto Javier, indignado hasta más no poder, le soltaba a su padre una espantosa diatriba que no conmovía a Argentino en lo más mínimo; porque el hombre seguía produciendo billetes para él y para sus amigos, y de paso esperando frente a la televisión que algún banco hiciera el ansiado anuncio de nuevas tarjetas de crédito con la que se pudiera recoger toda la deuda con otros bancos, y que además le dejarían una miserable cuantía para  mal vivir mientras en el horizonte aparecía otro banco que engranara en el fatídico carrusel. Debemos reconocer que Argentino a estas alturas era como dicen: un veterano toreado en mil plazas. En deudas, bancos, y billetes Argentino se las sabía todas. No dudaba ni por un minuto que la razón estaba de su parte. Cientos de meses atrás habían comenzado este juego y como ven la muerte no lo había alcanzado. Había estado muy cerca de él,  pero milagrosamente se había marchado. Oportunamente llegaba el banco salvador con una nueva promoción y la  BCRA no paraba de atender sus necesidades y las de toda la comarca. Javier miraba con asombro esta bola de nieve. 

   ---“Nos va a acabar a todos, repetía angustiado a todo el que lo quisiera oír” 

   ---“Mira Javier—le decía su padre Argentino con el apoyo de los tendero, los profesores, los conductores, en fin de cuantos se estaban beneficiando de este carnaval—cuál es la razón para dejar de hacerlo si todos estamos viviendo de esto y así lo hemos hecho durante muchísimo tiempo, sin que nada haya ocurrido. No ves que ante la comunidad soy un benefactor. Si como quieres llegara a suspender a BCRA de donde sacaremos los billetes que necesitamos para sobrevivir.  No entiendes que no podemos detenernos porque de hacerlo todos nos hundiríamos y falleceríamos de física hambre. Tampoco puedo dejar las tarjetas. Para hacerlo tendría que tener el capital y los intereses que adeudo, y no los tengo. Así de sencillo. Tengo que seguir, no hay otra salida”

   Javier se retiró de la habitación dando muestras de encontrarse profundamente molesto. Por enésima vez había fracasado en el intento de que su padre se deshiciera de la funesta máquina.

Mientras  tanto Ómar Argentino continuaba encorvado sobre BCRA produciendo los billetes. Este trabajo se la estaba convirtiendo en una faena agotadora porque en cada oportunidad  debía producir un número mayor de billetes que las veces anteriores. Las personas que se beneficiaban de ellos reclamaban cada vez un mayor número, porque prácticamente ya no adquirían sino una mínima parte de los artículos que adquirían con la misma cantidad al principio. Pero lo más insólito de esta historia es que a pesar de las oscuras amenazas de crisis que un gran número de personas le han vaticinado a Argentino ninguna de ellas se ha hecho realidad. Al contrario él continua siendo feliz y con mejor bienestar que antes de encontrar la maquina funesta. Los bancos, encantados, no han dejado de sustituirle una tarjeta vieja por otra nueva, más reluciente que la anterior, con la que recoge la deuda acumulada;  y la población que se beneficia de BCRA continúan gozando de un bienestar, que puede no ser el mejor de la comarca, pero si por encima de sus otros vecinos. ¿Y Javier? Javier no deja de atacar a su padre con el mismo discurso y no ha parado de incitarlo  a que destruya la terrible máquina BCRA. ¿Y los precios? Ah sí, los precios siguen subiendo.

DCN 2023