DIEGO CASTANO NICHOLLS

viernes, 29 de mayo de 2015

Estafa Insolita




Estafa Insolita

El Banco T&U es una institución respetable no solo por ser centenaria sino porque a lo largo de los años se ha ganado este calificativo de sus clientes y de los clientes de otras instituciones bancarias. Su edificio, de elegante arquitectura moderna, está ubicado en la zona financiera de la capital. No lejos de la entrada principal está la oficina de seguridad que consta de dos áreas: una encerrada, privada, donde despacha el jefe y otra formada por un espacio abierto donde se confunden los dos o tres escritorios de los investigadores y un pequeño rincón con tres asientos para que los visitantes esperen su turno de ser atendidos por el jefe o por alguno de los investigadores. En uno de estos asientos se encontraba casi inmóvil un hombre de tal vez cincuenta años esperando hablar con quien pudiera atenderlo,  ya que los investigadores se encontraban en aquel momento atendiendo a otras personas que habían llegado antes que él. Mantenía su vista fija en el piso y cuando la levantaba era para mirar el cuadro que colgaba en una de las paredes con la imagen borrosa de una escena tomada de un almanaque de hacía muchos años. De vez en cuando movía su cabeza de un lado a otro indicando con este gesto que su mente estaba absorta en pensamientos muy profundos y desesperados. Fue en ese instante cuando desde uno de los escritorios se vino hacia él uno de los investigadores para invitarlo a exponer las razones que lo traían a la oficina de seguridad del banco. El saludo fue protocolario. Cada uno extendió su mano y pronunció su nombre. El investigador con confianza y tranquilidad dijo:
--Mucho gusto, soy Aquiles Barreto, investigador primero. Era Barreto de mediana estatura, amplias espaldas, de treinta y dos o treinta y cinco años de edad. Hacía pocos años había ingresado al Banco  como investigador tercero pero su dedicación al trabajo lo llevó a ser investigador primero. Se sentía orgulloso de su trabajo, y se lo hacía saber a sus amistades. Pero más que nadie se sentía orgullosa Sagrario, su mujer desde hacía ocho años a quien Aquiles había conocido en uno de sus escaso viajes al pequeño pueblo donde nació. Siguió frecuentándola hasta que un día, con un ramo de rosas en la mano le dijo en el parque principal del pueblo,  mirando a lo alto las enormes nubes plomizas  que si quería ser su esposa. Sagrario esperaba desde  meses atrás que aquel pequeño hombre de anchas espaldas y pelo grueso  la invitara al altar. Si, tonto le contesto Sagrario, sonriente y tomando entre sus manos la larga trenza con que recogía su pelo. Acostumbraba adornarse echando la trenza por delante para jugar con ella.     
--Mu..mucho gu..gusto –contestó el hombre levantándose de la silla visiblemente nervioso—mi no..nombre es Antonio Bautista. Pero su voz tenía un tono tan bajo  que el investigador no lo alcanzo a oír. Sin embargo, mientras lo invitaba a tomar el asiento que había frente a  su escritorio, le dijo tomando de encima de su escritorio un lápiz y una hoja de papel reciclada.
--¿Cómo me dijo que se llama? Es que no lo escuche muy bien...
--An..antonio Bautista, dijo con voz apagada que dejaba saber el estado de depresión que lo embargaba en ese momento.
--¿Cómo le puedo ayudar?  ¿Es usted cliente del banco?
--No, no soy cli..cliente. Pero si me permite le co..contaré lo que me trae a hablar con us..ustedes.
--Si, por favor cuéntemelo todo, pero le recomiendo que se tranquilice—le dijo Aquiles mientras echaba su cuerpo hacia adelante y ponía los antebrazos sobre el escritorio, al tiempo que tomaba algunas notas en la hoja de papel que tenía la frente suyo. Tenga tómese esta agüita de valeriana para que esté más calmado--le dijo Aquiles empujando hacia Antonio el pocillo con valeriana que acababa de dejar sobre su escritorio la empleada de la cafetería.
--Para usted tal vez sea muy ex..extraño lo que le voy a contar, pero es absolutamente cierto. En la oficina P***  de este banco me entregaron un cheque de gerencia falsificado...
--¿Un cheque de gerencia falsificado?—dijo Aquiles interrumpiendo a Antonio,  levantando las cejas pero sin hacer ningún otro gesto frente a semejante acusación. El cliente suspendió su narración a la espera de más comentarios del investigador, pero este solamente dijo, mientras miraba al cliente fijamente.
--Continúe por favor, disculpe mi interrupción
--Si, fa..falsificado y  pienso que con la complicidad de empleados de la oficina--continuó diciendo Antonio Bautista un poco más tranquilo--resulta que la semana pasada puse en venta un carro de mi propiedad a través de una página web  especializada en ventas de vehículos. A los pocos días fui contactado por un señor que dijo estar de paso por la ciudad. Mostró mucho interés en el vehículo y me pidió cita para verlo físicamente y negociar el precio. Efectivamente, después de una revisión exhaustiva acordamos un precio y una forma de entrega del carro de la siguiente manera…
--Por favor—lo interrumpió Aquiles, cuénteme más detalles: ¿Qué aspecto tenía el hombre?, ¿cuál fue su comportamiento? ¿Recuerda usted qué cosas le dijo? ¿Qué preguntas le hizo?...
--Muy bien, tratare de recordar lo que más pueda. Ellos llegaron…
--¿Ellos? ¿Acaso cuántos eran?
--Dos que se identificaron como hermanos, uno  el comprador y el otro simplemente lo acompañaba; pero, la verdad, era el que más preguntas hacía.
--¿Cómo cuáles?, dijo Aquiles--. Perdone que lo interrumpa; es que necesito conocer todos los datos, bien decía mi maestro Sherlock Holmes “constituye un craso error teorizar sin poseer los datos…”
El cliente, que se movía con inquietud en el asiento algo desvencijado,  prosiguió su narración con las siguientes palabras las que ahora le fluían con más facilidad:
-- El supuesto comprador pregunto por el historial del carro, ¿Qué si había sido chocado?, pregunto también por los propietarios anteriores...
--Muy bien, muy bien, lo interrumpió Aquiles—Dígame cómo son físicamente.
--Bien, ambos son de aproximadamente un metro con setenta centímetros, el supuesto comprador es de contextura gruesa, mientras que el hermano es delgado,  sin ser flaco. Pelo negro los dos, y de uno cuarenta a cuarenta y cinco años  de edad. No sabría decirle cual es el mayor de los dos. Blancos pero de piel quemada por el sol.
¿De dónde cree que son?
--A los dos se les nota que viven en una población de mucho sol y que permanecen largo tiempo expuestos al rayo del sol. Creo que es verdad  que no viven aquí, como me dijeron. Su acento me hace pensar que son de los lados de Antioquia. Decía que llegaron mostrando un gran afán de negociar porque debían ir a ver otros carros que estaban en venta. El comprador me insistía en la necesidad de hacer una negociación rápida ya que al final del día siguiente debía viajar a su ciudad de residencia.  Al mismo tiempo yo le repetía mis condiciones de venta a lo cual él respondía que no veía mayor problema, que todo lo haríamos a mi manera.


--¿Cómo era su aspecto exterior?
--En sus ropas se notaba que pertenecían a un estrato social medio—dijo el cliente, mientras hacía un notorio esfuerzo para traer a su memoria el aspecto de los individuos. Ambos con pantalón y  chaqueta de paño. Los zapatos de buena confección, limpios y  brillantes. Al mismo tiempo que hablábamos revisaban el estado físico del carro. Miraron el motor, las llantas, el baúl, los asientos…
--¿No le dijeron cuál era su actividad económica? -- preguntó Aquiles interrumpiendo una vez más la historia de Antonio Bautista.
--Si, dijeron ser ganaderos de la costa norte, pero nada más.
--¿Alcanzó a escuchar lo que hablaron entre ellos?
--No, toda su conversación la hacían apartándose de mí o en susurros inaudibles.
--Aja –dijo Aquiles quien escuchaba como atención el relato al tiempo que con sus manos cortas y regordetas escribía al respaldo de aquella hoja de papel que ya antes había sido usada.
--¿No le pidieron los documentos del carro? Inquirió Aquiles echándose hacia adelante y  acompañando la pregunta con un fuerte levantamiento de las cejas.
--Ah sí, claro. La tarjeta de propiedad fue de las primeras cosas que quisieron ver. La revisaron con gran atención, hasta el punto de solicitarme mi documento de identidad para comprobar que yo era el real propietario   “me gusta negociar solamente con el propietario del vehículo” me dijo mientras comparaba mi identificación con la tarjeta de propiedad del carro.
--¿Como concertaron la forma de pago? Preguntó Aquiles
--Pues verá: ellos me preguntaron si yo tenía cuenta en este banco, para hacerme una transferencia directa de cuenta a cuenta; pero yo les  respondí que no, que mi banco era el X***  Ante mi respuesta ellos mostraron un poco de desilusión. En seguida plantearon la posibilidad de un cheque de gerencia  
--Ajá—murmuró Aquiles, arrellanándose en su sillón mientras juntaba la yema de sus dedos. Antonio  dejó de hablar ante la inesperada interrupción de Aquiles y tuvo la sensación de que algo había despertado la suspicacia del investigador.
Aquiles cerró los ojos y entró por unos cuantos segundos en una especie de meditación. Antonio Bautista al ver al investigador en esta actitud permaneció también en silencio hasta cuando Aquiles prosiguió.
--Bien, ya tengo una parte de la información que puede ser muy valiosa para nuestro caso. O no servir para nada, nunca se sabe.  Ahora si puede contarme como fue la negociación, el acuerdo al que llegaron.
--Bue..no, yo acepte el cheque de gerencia ... el me lo entregaría en la  oficina P*** de este banco, donde tiene la cuenta. Yo vería hacer el cheque y una vez lo recibiera iría a consignarlo a mi banco. Cumplido este paso iniciaremos el trámite de traslado de la propiedad. Yo radicaría los papeles para lo cual cada uno cancelaría los gastos legales  y una vez radicados los documentos de traslado de la propiedad en la oficina de tránsito le entregaría las llaves del carro y el carro mismo, pues en este punto de la transacción se da por concluida la negociación, ya que solamente resta que la oficina de tránsito expida la tarjeta de propiedad a nombre del nuevo propietario.  A partir de ese momento el carro comienza a ser de él. Como le dije antes, el acepto todas mis condiciones que a decir verdad no fueron más que las que le acabo de contar. ¿Correcto? —preguntó sin esperar respuesta.
--Sí, pero…--alcanzó a decir Aquiles porque fue interrumpido por el cliente, quien se mostraba algo inquieto en el incómodo asiento.
--Un segundo, déjeme continuar—dijo el cliente impidiendo que Aquiles terminara su frase
Aquiles escribía afanosamente y Antonio Bautista continúo su historia después de tomar un poco de agua del vaso que una empleada acababa de dejar frente a él. Aquiles también sorbió un poco de valeriana fría de un pocillo que llevaba allí varias horas.
--A la hora convenida –continuo Antonio Bautista con voz entrecortada-- nos encontramos el comprador y yo en la oficina del banco del Centro Comercial…¿como se llama?... ah, sí...La Puerta Grande... Estaba solo, sin su hermano...Vestido exactamente igual al día anterior... Antes de entrar al banco hizo una llamada por su celular... Muy corta, por cierto... Dentro de la oficina tomó un formato de retiro y lo diligencio...  yo permanecía sentado en uno de los asientos asignados a los clientes... Finalmente le tocó el turno... se acercó a la ventanilla y pidió la elaboración del cheque de gerencia...
--¿Se acercó usted con él a la ventanilla del cajero para ver la elaboración del cheque de gerencia?-- preguntó Aquiles con marcado interés investigador mientras miraba fijamente sus manos, que cuando no estaban tomando notas daban vuelta  al lápiz con que escribía.
--Si lo hice, pero el cajero me prohibió permanecer allí aduciendo que solamente quien hacía la operación podría estar en la ventanilla. Yo lo encontré sensato y volví a mi puesto en el área de atención de los clientes tratando de no perder ninguno de los movimientos de mi comprador. Como le digo yo permanecía allí sentado observando todos los movimientos que el hombre hacía.  Un  momento después vino hasta mí para pedirme el número de mi documento de identidad argumentando que el cajero lo requería para la elaboración del cheque.
--Si, por supuesto -- dijo Aquiles—se necesita el nombre y la identificación del beneficiario del cheque.
--Al cabo de unos minutos de haberle suministrado el número de mi documento de identidad llego hasta donde yo estaba con el cheque en la mano y una leve sonrisa se asomaba en su rostro. Aquí tiene –me dijo-- exactamente como le prometí.
--¿Usted revisó el cheque?
--Claro que lo revise. Apenas lo tomé en mis manos comprobé que estuviera a mi nombre y que la partida fuera la correcta. También vi las firmas y los sellos del banco…
De pronto se escuchó un grito que provenía de la oficina del jefe.
--Aquiles, venga un momento, por favor. Y Aquiles se levantó de su silla al tiempo que le decía al cliente perdón, ya regreso...
Antonio Bautista miro a Aquiles con ojos de tristeza pero no alcanzó a pronunciar ninguna frase porque en cosa de segundos Aquiles cerraba tras de sí la puerta de la oficina de su jefe. Solamente levantó la vista hacia el frente y alcanzó a ver la imagen que colgaba de la pared, vieja y desteñida. En ese momento comprendió que correspondía a un equipo de futbolistas entre los que descubrió a Aquiles con algunos años menos, diez o doce quizás. Pensó que no era una imagen de un almanaque como creyó al principio sino una verdadera fotografía.
Un minuto, si acaso, permaneció Aquiles con su jefe y mientras se sentaba pesadamente en su sillón dijo:
--Me estaba contando que tomó el cheque y lo analizo detenidamente...
...sí, todo era perfecto, el cheque no despertó en mí ninguna duda, al contrario me produjo una absoluta tranquilidad.


--Supongo que tan pronto como tuvo el cheque en sus manos se dirigió a su banco a consignarlo. ¿No es cierto?
--Sí, desde luego. en el mismo centro comercial hay una oficina de mi banco y allí lo consigne...Después nos dirigimos a la oficina de tránsito donde radicamos los documentos para dar por terminado el traspaso. Y como el compromiso era que después de este último trámite yo le entregaría el carro y las llaves, pues así lo hice: le entregue las llaves y el carro. El enseguida, en el mismo carro, me acerco a mi residencia y nos despedimos con un apretón de manos.
-- ¿Y como supo que el cheque era falsificado?
--Si, p...pues verá: Al d...día si..siguiente consulte mi saldo por internet esperando ver abonada la plata en mi cu..cuenta , pero encontré u..una leyenda que decía que el cheque había sido de...devuelto.
--Aja-- ¿por qué causal? --Preguntó Aquiles visiblemente interesado en el caso.
--Cheque falsificado…Me dijeron en mi banco. E...eso fue hoy en la mañana temprano... ellos me recomendaron venir di...directamente a hablar con ustedes en esta oficina.
--¿Quiere decir que en nuestra oficina P***  no saben de esto?
--No, no saben to...todavía.
--Muy bien, dijo Aquiles incorporándose de su silla, creo que iré esta tarde a nuestra oficina P***  para averiguar cómo pudo haber sucedido esto, pero cuénteme ¿tiene en su poder el cheque?
--Si, aquí lo tengo, dijo Antonio Bautista, levantándose de su asiento mientras extraía del bolsillo de su camisa el documento.
--¿Me lo permite?... es una pieza clave en esta investigación...pasado mañana lo espero a esta misma hora para informarle lo que haya adelantado.
Pero Antonio no le entregó el cheque, lo mantenía aprisionado con fuerza entre sus dedos. Sentía temor de que por alguna causa desconocida se perdiera en poder del investigador. Y este se dio cuenta de la actitud de Bautista y le dijo no se preocupe por el cheque, cuando nos volvamos a encontrar se lo devuelvo.
Los dos hombres se separaron allí mismo. Aquiles entró por unos minutos a la oficina de su superior para informarlo del caso que acababa de asumir; pero, por sobre todo, para ultimar los detalles del partido de fútbol que jugarían el sábado siguiente. Antonio Bautista se sentía más tranquilo, no obstante, en su interior sabía que a partir de ese momento se iniciaba para él un verdadero calvario y quién sabe si recuperaría su dinero o su carro. Salió a la calle, que por corresponder al distrito financiero y acercarse la hora del almuerzo, estaba concurrida en extremo. Con pasos rápidos se perdió entre los transeuntes caminando con su cuerpo  inclinado levemente hacia adelante mientras sus ojos miraban el pavimento mojado por la leve lluvia que había caído en el sector en los minutos anteriores.
El día convenido a primera hora de la mañana  llegó Antonio Bautista a la oficina del investigador Aquiles Barreto. Ya el investigador se encontraba en su escritorio hablando por teléfono sobre un partido de fútbol que se jugaría el fin de semana. De esto se enteró Bautista cuando acogiendo la invitación por señas de Aquiles se sentó en el mismo asiento de dos días atrás. Aquiles con una de sus manos tapó la bocina del teléfono  y con voz muy baja le preguntó“¿agüita? ¿tintico?”,  mientras su interlocutor le hablaba al otro lado de la línea.
--Si, a..güita, por favor. Le respondió en voz baja moviendo la cabeza en señal de aceptación.  
Sin dejar de conversar sobre el partido de fútbol Aquiles le dijo a la señora de la cafetería, sin ningún sonido pero  acentuando la modulación de sus labios: “valeriana”, al mismo tiempo que le señalaba con su dedo índice a Antonio Bautista, quien se veía supremamente inquieto. Dos o tres sorbos alcanzó a dar Antonio al pocillo de valeriana cuando Aquiles colgó el teléfono. En seguida se dirigió a Antonio y después de un corto saludo le dijo:
--Ayer estuve todo el día aclarando su caso. Fui a la oficina P*** y lamento mucho darle la mala noticia de que usted fue estafado por…
--¿Estafado?, ¿co..como así? Preguntó Antonio Bautista sin darle tiempo a Aquiles de terminar su frase.
--Si, como le digo, estafado por esos dos hombres que son estafadores profesionales, según lo he logrado establecer…tómese su valeriana antes de que se le enfríe…el asunto fue muy bien craneado y además ejecutado a la perfección. Seguramente recorren el país haciendo este tipo de estafas a personas que están interesadas en vender algún artículo de valor relativamente elevado.
--No pu..ede ser, yo vi hacer el cheque en la oficina de este banco.
--Usted vio hacer un cheque; pero fue otro cheque, no el que le entregaron. Usted fue víctima de un cambiazo
Antonio Bautista no salía de su asombro mientras escuchaba al investigador Barreto. Por momentos echaba todo su cuerpo hacia adelante  y enseguida volvía a descargarse totalmente sobre el espaldar del asiento. Y Barreto le dijo:
--Si me permite le diré cómo ocurrió todo
--Si, por favor, respondió visiblemente consternado Antonio Bautista mientras ponía los dedos de sus dos manos sobre su frente y agachaba la cabeza hasta casi ocultarla entre sus rodillas. Pero antes tomo un buen sorbo del agua de valeriana que tenía frente a él y que no tardó mucho tiempo en empezar a aplacar sus nervios.
--Verá usted, lo primero que esta gente hace es llegar a una oficina bancaria en alguna ciudad del país y abren una cuenta con documentos falsos. Recorren distintas ciudades del país, nunca están en la misma ciudad; aquí volverán en unos meses. Ayer comprobé que la cédula de su comprador es falsa, que los balances que suministro son falsos, que las declaraciones de renta también lo son. En fin todo es falso. Es asombrosa la facilidad que tiene para conseguir esto documentos en pocas horas; el mercado de documentos falsos es muy grande en nuestro país.
--Si ya lo veo, dijo entre dientes Antonio Bautista, tal vez pensando en su triste suerte.
-- El abrió la cuenta con unos miles de pesos nueve días antes de hacer el negocio con usted. Cuando le pidió los papeles del carro y su cédula para comprobar que era el propietario  lo que hizo fue aprenderse el número de su cédula…
--Claro, ya veo la insistencia en ver mi cedula…
… y su nombre completo -continuo Aquiles después de la interrupción-. Con esta información esa misma noche hicieron un cheque a su nombre utilizando un cheque del banco perteneciente a una chequera robada a un cliente hace unos meses. En el mercado negro venden estos cheques a quien los quiera comprar por precios relativamente bajos.
Antonio Bautista, atónito con lo que le contaba el investigador movió la cabeza hacia los lados, mostrando su absoluta desazón.  
--Si usted hubiera sido cliente de nuestro banco es posible que hubieran desistido de estafarlo porque usted podría haber aprobado la transferencia y eso no estaba en los planes de ellos… o , en verdad, quien sabe qué artimaña hubieran urdido; como la artimaña de retirarse de la ventanilla del cajero para solicitar el número de su cédula. De esta forma reforzó más su confianza en el cheque.
--Si estaba pensando en eso…
--Infortunadamente para usted -le dice Aquiles en tono de lamento- cuando los dos llegan a la ventanilla el cajero, dando cumplimiento a normas del banco le solicita que se retire, porque solamente puede permanecer allí quien está haciendo la operación.
--¿Qué habría pasado si el cajero…
--¿no lo retira de la ventanilla? – dijo Aquiles completándole la frase- e inmediatamente se contesto el mismo: quién sabe qué ardid hubiera utilizado, estos estafadores son extremadamente astutos y para todo tiene una respuesta  preparada.
--Cuando el estafador se quedó solo con el cajero le solicita efectivamente un cheque por cuarenta mil pesos, que era un poco menos del saldo que tenia; pero este cheque lo solicita a nombre de él.
--Es increíble –dice Antonio sin salir de su asombro- ¿cómo pudo pasarme esto?  
--No intento que le sirva de consuelo, pero le cuento que cuando un profesional de la estafa logra hacer contacto con una posible víctima hay una alta probabilidad de que la estafe.
--Continúo --dijo el investigador  mirando fijamente  los ojos llorosos  de Antonio Bautista- efectivamente usted vio desde su asiento que el hombre recibe el cheque de gerencia del cajero y asume que es el cheque suyo.
--Si, asi es…
--En este momento…, ¿cómo decirle?... ,  el estafador con enorme habilidad cambia los cheques y le hace entrega del cheque falso.
En el rostro de Antonio Bautista se dibujó desolación y Barreto continuo:
--Cuando usted revisa el cheque ve realmente un cheque de gerencia del banco; pero ninguna de las dos firmas son de empleados del banco y los sellos tampoco. Es lógico que usted no tiene por que saber cuáles son los nombres de de quienes firman en esa oficina los cheques de gerencia, ni los rasgos de sus firmas, ni los sellos que se usan para tal fin, ni si ese papel que le entregaron correspondía al que usa el banco para elaborar sus cheques de gerencia.
Antonio Bautista  acomodo su cuerpo en el viejo asiento y exclamó dirigiéndose al investigador: todo me parece un sueño que me gustaría que terminara pronto
--Ya estoy por terminar –repuso Aquiles, tomando una bocanada de aire al paso que decía:  en su banco, cuando usted hace la consignación, recibieron el supuesto cheque de gerencia pero ellos también desconocen las características de nuestros cheques de gerencia.
--Si, es lógico respondió sin fuerza pero con resignación el hombre estafado al que se le veía  un profundo abatimiento.
--Luego, en la tarde de ese día, al hacer la operación de canje entre los dos bancos, nuestro banco lo desconoce por tratarse de un cheque falso. De ello se entera usted al día siguiente cuando consulta su saldo y encuentra la leyenda cheque falso, que es la que se utiliza en estos casos.
--Mejor dicho - dijo Antonio Bautista levantándose del asiento- no quiero saber más…
Antonio Bautista extendió su mano al investigador, dio media vuelta y silenciosamente se encaminó a la puerta de salida para unirse a la multitud que como podía se guarecía afanosamente de una pertinaz llovizna.
Mayo de 2015