DIEGO CASTANO NICHOLLS

miércoles, 9 de junio de 2010

La verdad

En el reino de Sadag, como en los otros ciento setenta y tres reinos de la región, la palabra de las niñas era tomada como la absoluta verdad. Quien no les creyera era muerto. El día que el rey Sadag llamó a Vilama, niña, en medio de la guerra contra el rey de Ametaria para conocer el resultado de la batalla obtuvo por respuesta que sus soldados habían sido derrotados antes del anochecer por la traición del primer ministro de Sadag. El rey hizo traerlo ante sí y allí mismo el verdugo separo la cabeza de su cuerpo. Un mensajero llego antes del amanecer para comunicarle al rey su triunfo sobre el rey de Ametaria. Vilama en presencia del rey no confeso que había mentido y nada valió para que el rey mismo separara la pequeña cabeza de su pequeño cuerpo, no por haber mentido, pues las niñas no mienten, sino porque jamás aceptó haber mentido.

Moraleja:
A pesar de la creencia ancestral, los niños si mienten.
La soberbia de los niños los lleva a la muerte.
El primer ministro era un traidor. Vilama pudo haber dicho la verdad. El ejercito del rey Sadeg se recupero entre el anochecer y el amanecer.
Puede ser cierta la creencia ancestral de que los niños no mienten. 11/v/02

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