El bocín de oro
-¡Nunca puede jugar
mejor que Ramírez!, ¡nunca! nadie hay hoy que lo supere en el medio campo a
pesar de lo que digan. Lo digo yo que lo he visto jugar cientos de veces.
Acepto que ayer lo hizo muy mal…
-¿Mal? No, no solo mal sino que fue un desastre. Por ahí nos metieron
los tres chocorazos que nos hicieron.
-Tampoco es para
echarle a él toda la culpa.
-Bueno hermano lance
ese tejo a ver si terminamos este chico-le dijo Parmenio Sastoque a su
archirrival en el momento en que Aquiles Barreto se disponía a hacer el
lanzamiento. El tejo salió del poderoso brazo con fuerza inusitada y golpeo
contra el bocín, pero no encendió la mecha.
-No joda, es la
tercera vez que doy en el bocín y no estalla la mecha. Pienso que están
mojadas, mejor dejemos esto ahí para continuarlo después.
Aquiles y su
compañero se dirigían al lavamanos del establecimiento hablando animadamente
del partido que en días anteriores había perdido su equipo favorito cuando un
hombre de aspecto extranjero se le acerco para decirle “necesito hablar con
usted”
-¿Conmigo? dijo
Aquiles- mientras se retiraba un poco de la extrema cercanía de aquel hombre.
-Sí, - dijo el hombre
de piel oscura, no negra, de ojos hundidos, cejas gruesas y abundantes, barba negra, pero mal afeitada.
Sí, repitió, entiendo que usted es Aquiles Barreto.
Aquiles comprendió
que aquel individuo era de otra nacionalidad, y eso lo dedujo porque además de
su figura, su acento era igual al de los comerciantes de Maicao, donde él había
hecho una exitosa investigación para capturar la mafia de contrabandistas
de whisky, cigarrillos y vodka. Rápidamente paso por su mente aquella
investigación en que desenmascaro la banda criminal
cuyos miembros ahora gozaban de una sentencia de casa por cárcel. “Sera, pensó,
uno de ellos que viene a vengarse de mi”
-Si yo soy Aquiles
Barreto, ¿que necesita?
-Realmente yo no lo
necesito, es mi país el que lo necesita.
Para el investigador
Aquiles Barreto no era extraña esta respuesta. Muchas veces en su vida había
oído esta u otras semejantes. Con calma Aquiles se acerco al lavamanos ubicado
en una esquina del corredor que circundaba la cancha de tejo El Bocín de Oro donde Aquiles
asistía con amigos a jugar al tejo, que después del futbol, era para él una
especie de religión que profesaba con alto grado de fanatismo, y mientras
limpiaba el barro pastoso de sus manos dijo
-Aja, ¿y de que se
trata?
El hombre recorrió con
su mirada todo el espacio de la cancha de tejo para comprobar que nadie los
escuchaba y con respeto le pidió al investigador hablar a solas, ante lo cual
Parmenio se retiro a prudente distancia. Sabía que
su íntimo amigo le contaría en detalle la conversación con el extranjero.
-De mi nombre ya ni
me acuerdo. Llámeme simplemente Dama Vand. Pertenezco a la
policía secreta de mi país, dijo el extranjero sin dejar de
recorrer con su mirada el espacio del campo de juego donde varias personas
departían aquella soleada tarde. Pero fue bruscamente interrumpido por Aquiles,
quien le dijo.
-¿Cual es su país?
-Irán, contesto Dama
Vand pegándose al oído de Aquiles. Y este ni así pudo oír lo que le decían.
-¿Que, qué?
Irán, repitió el
hombre un poco más fuerte. Pero nadie, solo Aquiles pudo oír pues en
ese preciso instante estallo una mecha, ante lo cual el iraní dio un salto
atrás y se resguardo detrás de Parmenio que observaba el juego de otras
personas.
-¿Y eso donde queda?,
pregunto Aquiles, secándose las manos con una toalla que pendía de un clavo,
encima del lavamanos.
_Más tarde lo sabrá,
por ahora no importa. Lo importante es lo que vengo a decirle, pero debemos
salir a la calle donde el ruido de los carros ahogue los posibles micrófonos…
_¡Micrófonos!,
micrófonos en una cancha de tejo. ¿Dónde cree que esta? Dijo Aquiles
acompañando sus palabras con un gesto de burla.
-No importa, debemos
ser muy cuidadosos. No olvide que su país es uno de los más
avanzados en escuchas… Y los dos hombres salieron a la avenida
que a aquella hora se encontraba en su mayor congestión y, por lo tanto, mas altos decibeles
de ruido.
-Mire, -dijo Dama Vand una
vez se sintió seguro de que nadie lo escucharía- como usted sabe mi
país tiene problemas con Israel desde hace muchísimos años y estos problemas se
vienen agravando por la sospecha de los judíos de que estamos fabricando armas
nucleares.
-Aja, dijo Aquiles,
¿y yo que tengo que ver con todo eso?
- Es que hemos
comprobado que un equipo de espías del Mosad se
encuentran en su país espiando nuestra
relación con el gobierno del presidente Chávez, que protege varios científicos
nuestros. Sabrá que los judíos los quieren asesinar
pensando que de esta forma detienen nuestro programa nuclear. Hasta la
fecha han asesinado más de cinco o seis. Al paso
que van no nos van a dejar ninguno.
Aquiles interrumpió
al extranjero. Tengo dos preguntas, le dijo con cierta
prepotencia, que es eso de Mosad y que llama usted programa
nuclear.
Mosad es la policía
secreta del estado de Israel, como el DAS de ustedes, pero inteligentes.
Programa nuclear es un programa para producir la energía que mueva
turbinas y esas cosas. Pero lo verdaderamente importante es que hay que
descubrir esa red de espías judíos, antes de que asesinen nuestros
científicos…y -dijo mirando afanosamente
hacia todo lado pegando su boca al oído de
Aquiles- desarticularla.
Es incalificable la
expresión de Aquiles cuando escucho esta última expresión. Sus ojos asombrados
miraron al persa con enorme estupor
-¿Que quiere decir
usted con desarticularla? -inquirió el investigador con voz
notoriamente temblorosa
-Eso exactamente,
destruirlos, acabarlos, desaparecerlos, mejor dicho matarlos a todos sin dejar
rastro de ningúno de ellos…
-¿Y por que yo?
-Señor Barreto hemos
hecho una investigación de varios meses y entre múltiples investigadores usted
fue seleccionado por nuestra policía secreta, la Vevak, para llevar a cabo esta
misión.
-¿Y por qué no uno de
ustedes? - pregunto Aquiles profundamente
atemorizado.
-Debo irme – le dijo
el iraní a Aquiles- ya llevamos demasiado tiempo en este lugar,
alguien nos puede estar grabando, escuchando, fotografiando. Usted
entiende lo que es el espionaje internacional. Espere mi llamada para una
próxima cita…descuide yo conozco todo sobre usted…incluso su número celular-. El extranjero con
gran agilidad atravesó la congestionada avenida esquivando toda clase de
vehículos que a aquella hora se movían a gran velocidad. A Aquiles no le
sorprendió que este hombre no hubiera esperado que el semáforo le diera la vía.
En aquel momento, mientras se encaminaba de nuevo hacia El bocín de oro para
encontrarse con su amigo Parmenio , su mente
investigadora trataba de descifrar aquella frase pronunciada al final ´yo
conozco todo sobre usted¨.
Esto es muy extraño – dijo Parmenio
cuando Aquiles termino de hacerle un prolijo recuento de su conversación con el
iraní. Pero en su turbación no pudo recordar la nacionalidad del hombre, ni el
nombre que le había suministrado y, menos aun, el nombre de la policía secreta
a que pertenecía- habrá que esperar la llamada que anuncio– continuo
diciendo Parmenio-; sin embargo yo soy partidario de que lleves el
caso a la policía.
-¿A la policía? Estas
loco!. Y les digo que un hombre me abordo para que le ayude a un país del que
no se el nombre . Entiendes eso? Ayudarle a un país …si fuera a una viuda
en problemas …pero quien me creerá la historia del país?. Olvídate, esto
lo tengo que resolver solo.
Días después Aquiles caminaba por una céntrica avenida de la ciudad, donde abundaban los vendedores de calle dejando un escaso corredor para los transeúntes, cuando, súbitamente escucho que muy cerca de su oído le decían ”hoy a las cuatro en el Bocín de Oro”. Trato de hablarle pero ya el evasivo personaje se había perdido con gran facilidad entre la muchedumbre. No se puede describir el sobresalto de Aquiles ante este inesperado anuncio. En verdad su espíritu investigador se encontraba a la espera de alguien que se presentara para que le aclarara el misterio que lo atormentaba desde el primer encuentro. Una hora antes de las cuatro Aquiles, camuflado con un sombrero gardeliano, se había apostado en un punto afuera del Bocín de Oro, desde donde dominaba sin dificultad la entrada al establecimiento. Quería pasar de espiado a espía. Esperaba sorprender al extranjero y de esta forma, sin duda alguna, -pensó- seria el quien en adelante tendría la sartén por el mango.
-Que bien –le dijo
por detrás el extranjero a Aquiles cuando mas absorto se
encontraba en la vigilancia de la entrada –veo que está poniendo en práctica
sus conocimientos de espionaje. Aquiles miro con desconsuelo sobre su
hombro y descubrió que el funcionario de gorra y traje de una empresa de
energía, que llevaba media hora revisando un
tendido eléctrico a corta distancia, no era otro que el iraní con quien tenía
una cita. Y continuo diciendo “busque una mesa en
el lugar más seguro que en un momento estoy con usted”. Aquiles entendió que esta era
una orden perentoria que debía cumplir sin dilación. Ya en el establecimiento
se ubico en la esquina más oscura desde donde dominaba la puerta a la
calle y las canchas de tejo.
-Señor Aquiles –le
dijo sin más preámbulos- quiero ser concreto y contarle en que consiste su misión. Le recordar que usted
me conocerá como Dama Vand, trabajo para la Vevak, policía secreta de mi
país Irán. He cumplido varias misiones especialmente en España y
Suramérica. Ahora me encuentro tratando de destruir una red de israelitas que
se encuentran en Colombia desde donde viajaran a Venezuela a asesinar unos
científicos iraníes que se encuentran protegidos por el presidente Chávez.
Aja,- dijo Aquiles que
permanecía absorto con la historia que le narraba Dama Vand – muy interesante
pero no le creo nada de lo que me dice. No puedo creer que un policía secreto
le cuente a un extraño su vida y milagros. Mejor écheme una de vaqueros. Siga diciendo
cual es la que usted llama ‘mi misión”
El hombre esbozo una
disimulada sonrisa, pero no hizo ningún
comentario a la atinada observación de
Aquiles. Y continúo de esta manera: Bien usted sabrá que
Irán e Israel están desde hace muchos años enfrascados en una especie de guerra
fría. Irán no reconoce la existencia de Israel como país e Israel ve con
desconfianza el hecho de que Irán este desarrollando una industria nuclear;
Israel está segura que lo que ellos construyen es una industria nuclear para la
construcción de armas atómicas que no dudaran en descargar sobre Israel cuando
lo consideren oportuno. Israel está decidida a que esa industria nuclear no
prospere y para evitarlo han desatado una ofensiva de exterminio de nuestros
científicos nucleares hasta el punto de que cinco o seis de los más importantes
fueron asesinados en los últimos años. Nuestro país pidió ayuda al presidente
Chávez de la República Bolivariana de Venezuela en el sentido de acoger con
extremo secreto algunos de nuestros más importantes científicos nucleares para
de esta manera evitar que los asesinen. Por eso en ese país hay una veintena de
ellos trabajando en un lugar que solamente conoce un puñado de iraníes muy
importantes como el ayatola Jomeini, nuestro Líder, el presidente
Ahmadineyad y tres o cuatro científicos que les sirven de enlace. El
trabajo que hacen es absolutamente secreto, solamente lo conoce el director del
proyecto cuyo nombre es desconocido hasta el presente y el director de la
agencia atómica iraní el doctor Fereydun Abbasi-Davani. ¿Comprende la
importancia de su misión?
Aquiles permaneció en
absoluto silencio durante unos segundos. Su rostro, mal afeitado que dejaba ver
un racimo de pelos saliendo de sus narices, se contrajo casi en una mueca de
sorpresa.
-Aja - exclamo
meneando la cabeza y tratando de darle a entender a Dama Vera que había captado perfectamente su papel
en aquel intrincado asunto. Pero en verdad Aquiles no había entendido nada.
Menos donde entraba el esto de cuestiones nucleares, científicos muertos, y
extraños nombres que con excepción de Chávez, jamás había oído nombrar.
-¿Pero cual es mi
misión? volvió a preguntar Aquiles cuando comprendió que el persa no le había
dado una respuesta concreta a esta pregunta formulada unos minutos antes.
-Su misión es muy
clara, pero antes déjeme que le termine el cuento...resulta que sospechamos que
el Mosad se ha enterado que nueros científicos se encuentran en Venezuela
protegidos por Chávez. ¿Se toma algo, una cerveza, un tinto? -pregunto el
extranjero.
-Si, una cerveza.
Ojala fría.
La joven que atendió
el pedido de Dama Vand deposito una cerveza y un tinto en la pequeña mesa que
ocupaban los dos hombres que hablaban con extrema cautela en el rincón de aquel
establecimiento de tercera categoría
-Gracia bizcocho- le
dijo Aquiles mientras le contemplaba las piernas con vello, calzadas con zapato
pisa-huevos y medias tobilleras. La joven miro a Aquiles con algo de
sorpresa y sonrió levemente mientras se dirigía al mostrador del Bocín de
Oro. Aquiles volvió su mirada hacia Dama
Vand que pacientemente esperaba para continuar su narración. En la cara de
Aquiles aun permanecía la sonrisa de conquistador cuando su mirada se encontró
con la del iraní.
-¿Y?- dijo Aquiles un
poco confundido al ver que el hombre esperaba que terminara su episodio
galante- ¿En que íbamos?
-Le decía que parece ser
que el Mosad sabe de que algunos de nuestros científicos se encuentran en
Venezuela protegidos por Chávez y…-el iraní hizo una pausa y miro fijamente a
Aquiles, reclamando toda su atención-…y parece que ha enviado, repito, parece
que ha enviado unos cuantos agentes a asesinarlos.
-¿Asesinarlos?
-Sí, así como lo oye: asesinarlos. Recuerde
que hace un rato le comente que ya han asesinado unos cuantos en Irán y en
otros países. Nuestros agentes de la Vevak han detectado que al menos tres
agentes secretos israelíes se encuentran en Colombia…
-¿En Colombia?
-Si, en Colombia,
exactamente en la Guajira. Ya se lo había dicho.
-¡Aja!
-Más exactamente: se están movilizando con
un gran sigilo entre Riohacha, Manaure, Uribia, en fin, esa franja por donde se mueven los contrabandistas de
gasolina. Muchas veces se transportan como turistas utilizando camionetas 4x4.
Otras veces en buses de servicio público. Los hemos observado bañándose en las
calurosas playas del Cabo de la Vela y cenando en los restaurantes de los
hoteles de Riohacha. Acostumbran a reunirse en el malecón de Riohacha para que
el ruido de las olas ahogue sus conversaciones. También los hemos detectado
cuando pasan la frontera hacia Venezuela pero necesitamos a alguien que les
siga el rastro mas de cerca, porque sospechamos que si no nos apresuramos nos
pueden asesinar algún científico; pero tiene que ser un colombiano que
pase desapercibido para ellos y, lo más importante, que tenga experiencia en
seguimientos, camuflaje, y esas cosas que un profesional del espionaje domina.
Alguien que este hombro a hombro con ellos sin que sospechen de él.
Aquiles supo en ese
instante que esa era su misión.
-Supongo
que esa es la misión que me tiene reservada, ¿No cierto?
-Si, de eso se trata.
Hemos creído que usted puede ser ese hombre.
-Aja, exclamo Aquiles por
toda respuesta. Pero cuando el iraní iba a continuar hablando lo interrumpió.
-Un momento, un momento,
barájemela más despacio. Hay muchas cosas que deben ser aclaradas, primero yo
trabajo con un banco y no pienso perder mi puesto por irme detrás de unos
espías israelitas, -tomo un sorbo de cerveza-
segundo y más importante, nunca me he metido con cosas de crímenes, ese
no es mi fuerte, lo mío son robos al banco, seguimiento a empleados
sospechosos, interceptación telefónica, usted sabe: las comunes chuzadas, y
esas cosas. Mientras Aquiles hacia su discurso el iraní mantenía una sonrisa en
su rostro y lo miraba con algo de comprensión.
-Sí, comprendo. Pero todo
eso se puede solucionar. ¿Por qué no hablamos de la remuneración? Mi país está
dispuesto a pagar una buena suma a quienes nos ayuden a destruir esos agentes
del Mosad.
-Aja, dijo Aquiles
mientras se tomaba otro sorbo de cerveza y continúo: Yo jamás he matado a
nadie y no lo pienso hacer ahora por ningún dinero. Eso jamás ha estado en mis
planes. Es más, desde cuando salí del DAS no he tenido un arma en mis manos.
Así que no cuenten conmigo.
-Lo entiendo, pero es que
usted no va a matar a nadie. Nuestro interés es capturarlos vivos y llevarlos a Terán para juzgarlos por
el asesinato de nuestros científicos. Ese es nuestro trabajo.
-¿Y porque no los han
capturado cuando están en el balcón?
Dama Vand se levanto de
su asiento y dijo
-Malecón, malecón. Es un
muelle que entra unos cuantos metros en el mar. Ya vengo, voy al baño.
Aquiles entendió la
estrategia del iraní. Ahora lo dejaba solo para que meditara en eso de la
remuneración y que ellos harían la parte sucia del asunto. “No entiendo- pensó
- entonces ¿cuál es mi función en esto? “
-Diez
grandes- le dijo Dama Vand- cuando estuvo sentado nuevamente en la pequeña mesa
donde ahora había un nuevo tinto y una nueva cerveza que había servido la misma
muchacha de aspecto campesino y piernas sin depilar. Diez –repitió- sin
siquiera dirigir su mirada a Aquiles. Tenga en cuenta que usted ya sabe
demasiado sobre nosotros- le dijo mirándolo fijamente a los ojos- y eso no es
bueno para nadie, menos para usted.
-¿Cuál nosotros?-alcanzo
decir Aquiles- Yo no se un carajo de nada…
Pero en ese instante el iraní
se levantaba de su asiento y se dirigía
hacia la puerta del establecimiento
-Diez, le dijo al
levantarse del asiento- o …, señalando
la yugular con el índice de su mano derecha. Y antes de darle la
espalda añadió: “espere mi llamada con la boca cerrada”
Aquiles
llego a su pequeña vivienda de interés social, que todavía estaba pagando por
cuotas, en un barrio de clase media baja de la capital. Esperaba ansiosamente
contarle todo este episodio a Sagrario, su mujer que de un momento a otro
debería entrar después de su trabajo como enfermera en el centro de salud a una
hora de su casa, en uno de los barrios marginales de la ciudad. Su demora
obedecía, sin duda, al torrencial aguacero que caía sobre la ciudad. Llegaría
-pensó Aquiles- como siempre que llueve criticando el estado desastroso de las
vías, que por la falta de pavimento se convertían en unos lodazales
intransitables. Sentado en el viejo sillón, regalo de su suegro antes de morir,
veía absorto en la televisión el partido de futbol que jugaba su equipo
favorito al tiempo que acariciaba el perrito Pele, de raza French Poodle que permanecía
sin inmutarse sobre sus piernas y que el le había regalado a su hijita Mireyita
en su ultimo cumpleaños.
-¡Corra,
hermano, corra por esa bola! ¿o es que quiere que se la traigan?-gritaba - Eso
es falta aquí y en cualquier parte!…uy! este arbitro es un ratero miserable
como no pita eso!...tienen que meter a Dago para que le de vida al medio
campo!...uy!...¿será que ese van a dejar ganar de esos perros?
Pero
la tranquilidad de Aquiles estaba interrumpida a ratos por el recuerdo de esa
extraña conversación en que el Iraní lo amenazo de muerte si les negaba su
colaboración. Por eso necesitaba hablar con urgencia con Sagrario, pues el
sabia que, como siempre había ocurrido, con el solo hecho de narrarle el
episodio el entraba en un estado de tranquilidad que le permitía pensar con más
calma
-Mijo-
grito Sagrario desde la puerta, mientras con medio cuerpo dentro de la casa
agitaba el paraguas en el andén para descargarle una buena cantidad de lluvia.
Sagrario era bajita y regordeta, pocos años menor que Aquiles, de pelo
negrísimo y largo, que se peinaba a veces con una larga trenza o recogido en
una moña a la altura de la nuca. -.Mijo, ¿estás ahí, ya llegaste?-continuo
diciendo sin darle tiempo de responder.- ¿ya llego la niña?...Pregunto mientras
ingresaba a la alcoba donde se encontraba su esposo frente al televisor.
-Si,
aquí estoy hace rato, la niña llamo que esta con Tatiana haciendo una tarea.
-No
me gusta que se demore en la calle…
-Mija,
necesito contarle una cosa-le dijo Aquiles interrumpiéndola abruptamente.
Aquiles le narro a su mujer con todo detalle
los distintos encuentros que había temido con el iraní. Sagrario de vez en
cuando lo interrumpía para hacerle alguna pregunta que Aquiles, la mayoría de
las veces, las contestaba de mala gana. Pero sea lo que fuere, todo el tiempo
la voz de Aquiles fue una voz que dejaba conocer el miedo que sentía ante esta
absurda situación. No menor era el asombro de Sagrario pues para ella no
escapaba la idea de que su esposo se hallaba en serio peligro de muerte.
-Mijo,
le dijo Sagrario cuando su marido hubo terminado - ¿y qué significa ese gesto
de llevarse el dedo al cuello?
-Eso, en el lenguaje
de señas que utiliza el hampa, quiere decir “tuqui, tuqui Lulú”, que es el anuncio de que lo mataran a uno si no
cumple con lo que ellos le exigen.
-Que susto mijo, ¿Qué
vamos a hacer?
-No se mija, no nos
queda otra que encomendarnos a Dios Nuestro Señor, que es el único que nos
puede sacar de este embrollo.
Aquiles y Sagrario ya
se habían ido a la cama desde hacía más de una hora, pero continuaban
comentando la aterradora situación en que se encontraban por culpa del iraní.
Mireyita y el pequeño Pele también dormían desde hacía largo rato. Ya Aquiles
se disponía a apagar la luz de su cuarto cuando los sobresaltaron dos suaves
golpes en la perta en la calle. Eran golpes que dejaban entrever que solamente
querían interesar a Aquiles, a nadie más. Pero el primero en escucharlos fue
Pele que de inmediato comenzó a ladrar despertando a Mireyita, que corrió de
inmediato al cuarto de sus padres. Aquiles mando la niña a su cama y se dirigió
a la puerta a responder el llamado. Todos sus pensamientos le decían que era el
iraní que venía a darle un ultimátum.
Pero no era el iraní,
eran dos extranjeros de nariz aguileña, altos y de contextura fornida, de piel
blanca y pelo rubio levemente ensortijado el uno y de pelo oscuro el otro que
no le dieron tiempo de hablar, ya que fue el de pelo oscuro quien hablo
primero, en el mismo instante que Aquiles abrió la puerta.
-Somos del Mossad
–dijo el de pelo oscuro, mientras ponía un pie dentro de la casa e impedía de
esta suerte que Aquiles cerrara la puerta-. Somos del Mosad dijeron los dos al
tiempo y necesitamos hablar con usted inmediatamente.
-¿Qué quieren? ¿Qué
necesitan? –alcanzo a mascullar Aquiles cediendo el paso a los dos intrusos que
atropelladamente ingresaron a la pequeña sala, cerrando la puerta tras de si.
-Ya le dijimos que
somos del Mosad.
¿Qué es eso?….no
entiendo que necesitan –alcanzo a decir Aquiles antes de que el rubio le dijera
con voz muy baja y amable: ¿Podemos sentarnos? Pero ya estaban sentados en el diminuto sofá
de dos puestos recostado a una de las paredes de la sala y en el momento mismo que
Sagrario entraba asustada ajustando una vieja levantadora y componiendo de
alguna manera su pelo revuelto.
-¿Qué pasa mijo?-
grito con una voz ahogada del terror que le producía ver esos dos hombres
sentados en la sala de su casa. Pero su terror se hizo más intenso cuando vio
la cara de espanto que tenia Aquiles. Pele no dejaba de ladrar a los extraños y
Mireyita, con sus ojos descomunalmente abiertos lloraba en el rellano de la
angosta escalera que conducía a las habitaciones del segundo piso.
-¡Calle al perro!-
grito el rubio a Sagrario- ¡Y calle la niña!--volvió a gritar.
-¡Serénese señora que
no les vamos a hacer nada, solamente venimos a hablar con el señor Aquiles!
–dijo el de pelo oscuro.
Unos segundos después
Sagrario, la niña y Pele se habían tranquilizado. Aquiles, sentado en un
asiento de comedor tenía todavía su respiración agitada, y su voz todavía salía
de su garganta con notoria dificultad.
Los dos hombres,
después de tranquilizar la familia con voz suave y ademanes tranquilos le
informaron a Aquiles que eran *katsas* del Mossad de Israel. Sagrario y Aquiles
se miraron sorprendidos pues jamás en su vida habían oído hablar de katsas ni
de Mossad, solamente sabían que Israel era un país localizado en un lugar del
planeta que ellos desconocían, El de pelo negro, antes explicarles el
significado de estas palabras se identifico como Aarón Sachs y su compañero
como David Agnon. Y sin mayores rodeos agrego que katsas es el nombre que
reciben los agentes secretos del servicio de inteligencia de Israel, llamado
Mossad. Y añadió “Aquí les dicen tiras,
entiendo”
--Aja, -dijo Aquiles un poco más tranquilo-
--Ah, los tiras,
-dijo Sagrario volteándose hacia Aquiles, ya totalmente tranquilizada, -así le
decían a mijo cuando estaba en el DAS.
David aprobó con un
leve movimiento de la cabeza la afirmación de Sagrario y girando hacia Aarón le dijo con amabilidad
pero a manera de orden dejando ver que él era el jefe:
cuéntales de que se trata, tú hablas mejor el idioma que yo.
-Bien.
Lo primero que le diré es que nosotros sabemos que usted se viene reuniendo con
un agente de la Vevak, mejor dicho con un agente del servicio de inteligencia
iraní al que nosotros venimos siguiendo desde hace algún tiempo. Es un
individuo extremadamente peligroso, es un asesino desnaturalizado conocido en
la Vevak como U32. Nadie sabe con certeza su nombre.
-
-Dama
Vera, -dijo Aquiles intentando reforzar la historia que en ese momento les
exponía el agente extranjero y que tenia
verdaderamente absortos a Aquiles y su mujer pues la hijita y Pele habían
regresado a su lecho atendiendo una orden de su padre.
-¡Ah,
si!, así se hace llamar en esta misión, pero, como le digo dentro de la Vevak
es conocido como U32 o “el asesino silencioso” y gracias a esto otros con mas
humor que yo lo llaman “colesterol” Lo cierto es que su verdadero nombre es
desconocido para nosotros.
-Continua –dijo David
algo molesto –no te detengas en detalles que se nos hace tarde.
-Claro dijo el katsa
y continuo: nuestra presencia en su país obedece a que estamos llevando a cabo
una misión ultrasecreta. Usted comprenderá que no le demos detalles sobre ella.
Y es mejor para usted no saber mucho, pues de esa forma su vida estará más protegida…y
volteándose hacia David le hablo en un idioma que para Aquiles y Sagrario era
absolutamente desconocido. A lo cual el otro katsa hizo un ademan con la
cabeza, que todos entendieron como una aprobación. Y continuó diciendo “nuestra
misión se está viendo amenazada con la presencia de agentes iraníes tratando de
establecer la razón del aumento de nuestra gente en Venezuela. Uno de esos
agentes es U32 que desde hace varios meses está en la tarea de reclutar agentes
nacionales para que les colaboren.
Sagrario observo el reloj que colgaba en una
pared de la sala y vio que marcaba las nueve y treinta de la noche. ¨No es tan
tarde pensó¨ y dirigiéndose a Aarón que estaba más cerca de ella le pregunto:
- Perdón,
¿Su
merced qué horas tiene usted?
-Las diez y treinta y
cinco- repuso el del Mosad mirando su reloj de pulso y sin siquiera mirarla. Y Sagrario pensó ¨otra
vez se está atrasando, hay que cambiarle la pila¨
Mientras
esto pensaba Sagrario, totalmente desvinculada de lo que ocurría en aquella
sala, David Agnon le refería a Aquiles que ellos, los katsas, desde un tiempo
atrás habían descubierto que U32 los seguía a donde quiera que fueran,
utilizando diferentes disfraces.
-¿Qué es lo que dice
mijo?- pregunto Sagrario tratando de actualizarse de lo que se había perdido
por distraída.
-No mija,
¡despierte!. Póngale cuidado a lo que dice el señor.
-Fue así como
descubrimos que U32 estaba tratando de reclutar nacionales para que nos
hicieran seguimiento. Por eso decidimos ponernos en contacto con usted,
Aquiles, -me permite llamarlo por su nombre ¿cierto?- Como respuesta Aquiles movió dos o tres veces
la cabeza de arriba hacia abajo-… Y el israelita continuo diciendo: debo informarle que estamos enterados de lo que planea U32 que usted haga
y creemos que le irá mejor si trabaja para nosotros…
-¿Trabajar para
ustedes?- pregunto Aquiles interrumpiendo a David y dejando ver que aquella
extraña propuesta lo llenaba de terror- …yo ya trabajo para un
banco y no estoy buscando puesto…además, no entiendo que es lo que pretenden ni
ustedes ni el tal U32.
-Aquiles,
entienda, si trabaja para nosotros, nosotros le brindaremos protección, porque
de lo contrario su vida corre peligro, pues o lo mata U32 por no colaborarle o
lo matamos nosotros para quitarlo de nuestro camino.
-¡Es
cierto! –dijo Aarón- ¡Muy cierto! –volvió a decir mirando a David, que en ese
momento observaba la hora en su reloj
-¡Jesús
Credo! ¡Ave María Purísima!- exclamo Sagrario apenas escucho la terrible
amenaza que proferían los katsas contra
su marido, a quien le brotaba de todos sus poros un sudor frio que lo obligo a
abanicarse con la levantadora estampada con imágenes de balones de futbol,
regalo de Sagrario en su último cumpleaños.
-¿Y
porque no lo matan ustedes y se acaba con todo este embrollo?
-Buena
pregunta, dijo Aarón. Lo que pasa es que nosotros no podemos matar extranjeros
así como así en este país. El embajador no nos ha autorizado todavía.
-¿Cuál
embajador?- pregunto Aquiles poniendo cara de sorpresa, pero, a decir verdad,
ya se imaginaba la respuesta.
-El
de los Estados Unidos, por supuesto- respondió Aarón, mostrando su extrañeza de
que Aquiles desconociera quien daba las órdenes en su país.
-Bueno…-alcanzo a
decir David y antes de terminar la frase Aquiles se había ya levantado de su
asiento con algo de satisfacción en su rostro, que hasta ahora solamente
mostraba signos de preocupación y desconcierto. –No todavía no nos vamos,
entienda que antes debemos terminar esto solamente quiero saber que decisión
toma sobre nuestra propuesta.
--Pero…pero- exclamo
Aquiles. Sagrario, que no había puesto mucha atención a lo que los katsas
proponían a su marido, rezaba Padre Nuestros y Aves Marías uno tras otro, y le pedía a los muchos santos de su
devoción que los sacara de aquella situación tan embarazosa en que se
encontraban. Sagrario indudablemente se encontraba en estado de shock.
--¿Pero que, Aquiles?...usted
me autorizo a llamarlo por su nombre ¿cierto? Aquiles movió la cabeza en señal
de asentimiento.
--Pero nada-- continuó
diciendo el katsa--, espero su respuesta maña antes del anochecer. Y mejor para
ustedes que sea positiva.
Los israelitas se levantaron
al unísono e improvisaron una ceremoniosa despedida con frases de cajón como que tengan buena noche, que duerman, felices
sueños, etc. y abandonaron la casa de los Barreto dejando a Aquiles
hondamente preocupado y a Sagrario anegada en llanto.
Pero Aquiles permaneció
algunas horas despierto en su lecho mientras Sagrario dormía profundamente.
Después de unas pocas horas lo despertó el brusco movimiento de su mujer al
abandonar la cama en busca de Mireyita a quien el tiempo ya le era escaso para
salir al estudio.
--Mija –le dijo a su mujer
esbozando una franca sonrisa—tengo un plan.
--¿Qué plan?
--Para deshacerme de esta gente
--¿Cuál es?
--Nadie puede saberlo, solo
yo. Y no hablemos más de éste asunto.
Inmediatamente se dirigió al
computador y comenzó a buscar en Youtube videos sobre pueblos cercanos a Bogotá.
Finalmente se detuvo en uno y anoto la dirección URL en un papel:
Cuando su mujer hubo salido para
acompañar la niña al colegio Aquiles tomo su teléfono e hizo dos llamadas, en
cada una de las cuales leyó a su interlocutor la dirección URL que tenia
anotada en un papel.
Dos días después, al medio día, Aquiles se sentó ansioso ante su viejo
televisor a escuchar las noticias. Y el noticiero abrió así: dos extranjeros
muertos y un capturado por la policía en Tenjo, Cundinamarca, a cuarenta
kilómetros de Bogotá. Por motivos aún desconocidos ayer a las ocho del anoche
se presento una fuerte balacera entre tres individuos, un iraní y dos
israelitas. En la refriega falleció de un balazo en la cabeza uno de los
israelitas y el iraní por una bala que le atravesó el pulmón. El iraní llego
muerto al hospital de Tenjo. Una niña de nueve años fue herida por una bala
perdida, pero afortunadamente se encuentra fuera de peligro. Manténganse en
sintonía que seguiremos informando. Sigan ustedes en estudio.
Y Aquiles sonrió con algo de picardía mientras cambiaba al canal que transmitia un partido de futbol.
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