DIEGO CASTANO NICHOLLS

lunes, 18 de diciembre de 2017

El bocín de oro

El bocín de oro 


-¡Nunca puede jugar mejor que Ramírez!, ¡nunca! nadie hay hoy que lo supere en el medio campo a pesar de lo que digan. Lo digo yo que lo he visto jugar cientos de veces. Acepto que ayer lo hizo muy mal… 
-¿Mal?  No, no solo mal sino que fue un desastre. Por ahí nos metieron los tres chocorazos que nos hicieron. 
-Tampoco es para echarle a él toda la culpa. 
-Bueno hermano lance ese tejo a ver si terminamos este chico-le dijo Parmenio Sastoque a su archirrival en el momento en que Aquiles Barreto se disponía a hacer el lanzamiento. El tejo salió del poderoso brazo con fuerza inusitada y golpeo contra el bocín,  pero no encendió la mecha. 
-No joda, es la tercera vez que doy en el bocín y no estalla la mecha. Pienso que están mojadas, mejor dejemos esto ahí para continuarlo después. 
Aquiles y su compañero se dirigían al lavamanos del establecimiento hablando animadamente del partido que en días anteriores había perdido su equipo favorito cuando un hombre de aspecto extranjero se le acerco para decirle “necesito hablar con usted” 
-¿Conmigo? dijo Aquiles- mientras se retiraba un poco de la extrema cercanía de aquel hombre. 
-Sí, - dijo el hombre de piel oscura, no negra, de ojos hundidos, cejas gruesas y abundantes, barba negra, pero mal afeitada. Sí, repitió, entiendo que usted es Aquiles Barreto. 
Aquiles comprendió que aquel individuo era de otra nacionalidad, y eso lo dedujo porque además de su figura, su acento era igual al de los comerciantes de Maicao, donde él había hecho una exitosa investigación para capturar la mafia de contrabandistas  de whisky, cigarrillos y vodka. Rápidamente paso por su mente aquella investigación en que desenmascaro  la banda criminal cuyos miembros ahora gozaban de una sentencia de casa por cárcel. “Sera, pensó, uno de ellos que viene a vengarse de mi” 
-Si yo soy Aquiles Barreto, ¿que necesita? 
-Realmente yo no lo necesito, es mi país el que lo necesita.  
Para el investigador Aquiles Barreto no era extraña esta respuesta. Muchas veces en su vida había oído esta u otras semejantes. Con calma Aquiles se acerco al lavamanos ubicado en una esquina del corredor que circundaba la cancha de tejo El Bocín de Oro  donde Aquiles asistía con amigos a jugar al tejo, que después del futbol, era para él una especie de religión que profesaba con alto grado de fanatismo, y mientras limpiaba el barro pastoso de sus manos dijo 
-Aja, ¿y de que se trata? 
El hombre recorrió con su mirada todo el espacio de la cancha de tejo para comprobar que nadie los escuchaba y con respeto le pidió al investigador hablar a solas, ante lo cual Parmenio se retiro a prudente distancia. Sabía que su íntimo amigo le contaría en detalle la conversación con el extranjero. 
-De mi nombre ya ni me acuerdo. Llámeme simplemente Dama Vand. Pertenezco a la policía secreta de mi país, dijo el extranjero sin dejar de recorrer con su mirada el espacio del campo de juego donde varias personas departían aquella soleada tarde. Pero fue bruscamente interrumpido por Aquiles, quien le dijo. 
-¿Cual es su país?  
-Irán, contesto Dama Vand pegándose al oído de Aquiles. Y este ni así pudo oír lo que le decían. 
-¿Que, qué? 
Irán, repitió el hombre un poco más fuerte. Pero nadie, solo Aquiles pudo oír pues en ese preciso instante estallo una mecha, ante lo cual el iraní dio un salto atrás y se resguardo detrás de Parmenio que observaba el juego de otras personas. 
-¿Y eso donde queda?, pregunto Aquiles, secándose las manos con una toalla que pendía de un clavo, encima del lavamanos. 
_Más tarde lo sabrá, por ahora no importa. Lo importante es lo que vengo a decirle, pero debemos salir a la calle donde el ruido de los carros ahogue los posibles micrófonos… 
_¡Micrófonos!, micrófonos en una cancha de tejo. ¿Dónde cree que esta? Dijo Aquiles acompañando sus palabras con un gesto de burla.  
-No importa, debemos ser muy cuidadosos. No olvide que su país es uno de los más avanzados en escuchas… Y los dos hombres salieron a la avenida que a aquella hora se encontraba en su mayor congestión y, por lo tanto, mas altos decibeles de ruido.  
-Mire, -dijo Dama Vand una vez se sintió seguro de que nadie lo escucharía-  como usted sabe mi país tiene problemas con Israel desde hace muchísimos años y estos problemas se vienen agravando por la sospecha de los judíos de que estamos fabricando armas nucleares. 
-Aja, dijo Aquiles, ¿y yo que tengo que ver con todo eso? 
- Es que hemos comprobado  que un equipo de espías del Mosad se encuentran  en su país espiando nuestra relación con el gobierno del presidente Chávez, que protege varios científicos nuestros. Sabrá que los judíos los quieren asesinar  pensando que de esta forma detienen nuestro programa nuclear.  Hasta la fecha  han  asesinado más de cinco o seis. Al paso que van no nos van a dejar ninguno. 
Aquiles interrumpió al extranjero. Tengo dos preguntas, le dijo con cierta prepotencia, que es eso de Mosad y que llama usted programa nuclear. 
Mosad es la policía secreta del estado de Israel, como el DAS de ustedes, pero inteligentes. Programa nuclear es  un programa para producir la energía que mueva turbinas y esas cosas. Pero lo verdaderamente importante es que hay que descubrir esa red de espías judíos, antes de que asesinen nuestros científicos…y -dijo mirando afanosamente hacia todo lado pegando su boca al oído de Aquiles-  desarticularla. 
Es incalificable la expresión de Aquiles cuando escucho esta última expresión. Sus ojos asombrados miraron al persa con enorme estupor 
-¿Que quiere decir usted con desarticularla? -inquirió el investigador  con voz notoriamente temblorosa 
-Eso exactamente, destruirlos, acabarlos, desaparecerlos, mejor dicho matarlos a todos sin dejar rastro de ningúno de ellos… 
-¿Y por que yo? 
-Señor Barreto hemos hecho una investigación de varios meses y entre múltiples investigadores usted fue seleccionado por nuestra policía secreta, la Vevak, para llevar a cabo esta misión. 
-¿Y por qué no uno de ustedes? - pregunto Aquiles profundamente atemorizado. 
-Debo irme – le dijo el iraní a Aquiles- ya llevamos demasiado tiempo en este lugar, alguien nos puede estar grabando, escuchando, fotografiando.  Usted  entiende lo que es el espionaje internacional. Espere mi llamada para una próxima cita…descuide yo conozco todo sobre usted…incluso su número celular-. El extranjero con gran agilidad atravesó la congestionada avenida esquivando toda clase de vehículos que a aquella hora se movían a gran velocidad. A Aquiles no le sorprendió que este hombre no hubiera esperado que el semáforo le diera la vía. En aquel momento, mientras se encaminaba de nuevo hacia El bocín de oro para encontrarse con su amigo Parmenio , su mente investigadora trataba de descifrar aquella frase pronunciada al final ´yo conozco todo sobre usted¨. 
Esto es muy extraño – dijo Parmenio cuando Aquiles termino de hacerle un prolijo recuento de su conversación con el iraní. Pero en su turbación no pudo recordar la nacionalidad del hombre, ni el nombre que le había suministrado y, menos aun, el nombre de la policía secreta a que pertenecía- habrá que esperar la llamada que anuncio– continuo diciendo  Parmenio-; sin embargo yo soy  partidario de que lleves el caso a la policía. 
-¿A la policía? Estas loco!. Y les digo que un hombre me abordo para que le ayude a un país del que no se el nombre . Entiendes eso?  Ayudarle a un país …si fuera a una viuda en problemas …pero quien me creerá la historia del país?.  Olvídate, esto lo tengo que resolver solo. 

Días después Aquiles caminaba por una céntrica avenida de la ciudad, donde abundaban los vendedores de calle dejando un escaso corredor para los transeúntes, cuando, súbitamente escucho que muy cerca de su oído le decían ”hoy a las cuatro en el Bocín de Oro”. Trato de hablarle pero ya el evasivo personaje se había perdido con gran facilidad entre la muchedumbre. No se puede describir el sobresalto de Aquiles ante este inesperado anuncio. En verdad su espíritu investigador  se encontraba a la espera de alguien que se presentara para que le aclarara el misterio que lo atormentaba desde el primer encuentro. Una hora antes de las cuatro Aquiles, camuflado con un sombrero gardeliano,  se había apostado en un punto afuera del Bocín de Oro, desde donde dominaba sin dificultad la entrada al establecimiento. Quería pasar de espiado a espía.  Esperaba sorprender al extranjero y de esta forma, sin duda alguna, -pensó- seria el quien en adelante tendría la sartén por el mango.  
-Que bien –le dijo por detrás  el extranjero a Aquiles cuando mas absorto se encontraba en la vigilancia de la entrada –veo que está poniendo en práctica sus conocimientos de espionaje. Aquiles miro con desconsuelo sobre su hombro y descubrió que el funcionario de gorra y traje de una empresa de energía,  que llevaba media hora revisando un tendido eléctrico a corta distancia, no era otro que el iraní con quien tenía una cita. Y continuo diciendo “busque una mesa en el lugar más seguro que en un momento estoy con usted”.  Aquiles entendió que esta era una orden perentoria que debía cumplir sin dilación. Ya en el establecimiento se ubico en la esquina  más oscura desde donde dominaba la puerta a la calle y las canchas de tejo. 
-Señor Aquiles –le dijo sin más preámbulos- quiero ser concreto y contarle en que consiste su misión. Le recordar que usted me conocerá como Dama Vand, trabajo para la Vevak,  policía secreta de mi país Irán.  He cumplido varias misiones especialmente en España y Suramérica. Ahora me encuentro tratando de destruir una red de israelitas que se encuentran en Colombia desde donde viajaran a Venezuela a asesinar unos científicos iraníes que se encuentran protegidos por el presidente Chávez. 
   Aja,- dijo Aquiles que permanecía absorto con la historia que le narraba Dama Vand – muy interesante pero no le creo nada de lo que me dice. No puedo creer que un policía secreto le cuente a un extraño su vida y milagros. Mejor écheme una de vaqueros. Siga diciendo  cual es la que usted llama ‘mi misión” 
El hombre esbozo una disimulada sonrisa, pero no hizo ningún comentario a la atinada observación de Aquiles. Y continúo de esta manera: Bien usted sabrá que Irán e Israel están desde hace muchos años enfrascados en una especie de guerra fría. Irán no reconoce la existencia de Israel como país e Israel ve con desconfianza el hecho de que Irán este desarrollando una industria nuclear; Israel está segura que lo que ellos construyen es una industria nuclear para la construcción de armas atómicas que no dudaran en descargar sobre Israel cuando lo consideren oportuno. Israel está decidida a que esa industria nuclear no prospere y para evitarlo han desatado una ofensiva de exterminio de nuestros científicos nucleares hasta el punto de que cinco o seis de los más importantes fueron asesinados en los últimos años. Nuestro país pidió ayuda al presidente Chávez de la República Bolivariana de Venezuela en el sentido de acoger con extremo secreto algunos de nuestros más importantes científicos nucleares para de esta manera evitar que los asesinen. Por eso en ese país hay una veintena de ellos trabajando en un lugar que solamente conoce un puñado de iraníes muy importantes como el ayatola Jomeini, nuestro Líder, el presidente Ahmadineyad y  tres o cuatro científicos que les sirven de enlace. El trabajo que hacen es absolutamente secreto, solamente lo conoce el director del proyecto cuyo nombre es desconocido hasta el presente y el director de la agencia atómica iraní el doctor Fereydun Abbasi-Davani. ¿Comprende la importancia de su misión? 
Aquiles permaneció en absoluto silencio durante unos segundos. Su rostro, mal afeitado que dejaba ver un racimo de pelos saliendo de sus narices, se contrajo casi en una mueca de sorpresa.  
-Aja  - exclamo meneando la cabeza y tratando de darle a entender a Dama  Vera que había captado perfectamente su papel en aquel intrincado asunto. Pero en verdad Aquiles no había entendido nada. Menos donde entraba el esto de cuestiones nucleares, científicos muertos, y extraños nombres que con excepción de Chávez, jamás había oído nombrar.  
-¿Pero cual es mi misión? volvió a preguntar Aquiles cuando comprendió que el persa no le había dado una respuesta concreta  a esta pregunta formulada unos minutos antes. 
-Su misión es muy clara, pero antes déjeme que le termine el cuento...resulta que sospechamos que el Mosad se ha enterado que nueros científicos se encuentran en Venezuela protegidos por Chávez. ¿Se toma algo, una cerveza, un tinto? -pregunto el extranjero.  
-Si, una cerveza. Ojala fría. 
La joven que atendió el pedido de Dama Vand deposito una cerveza y un tinto en la pequeña mesa que ocupaban los dos hombres que hablaban con extrema cautela en el rincón de aquel establecimiento de tercera categoría 
-Gracia bizcocho- le dijo Aquiles mientras le contemplaba las piernas con vello, calzadas con zapato pisa-huevos y medias tobilleras. La joven miro a Aquiles con algo de sorpresa y sonrió levemente mientras se dirigía al mostrador del Bocín de Oro.  Aquiles volvió su mirada hacia Dama Vand que pacientemente esperaba para continuar su narración. En la cara de Aquiles aun permanecía la sonrisa de conquistador cuando su mirada se encontró con la del iraní.
-¿Y?- dijo Aquiles un poco confundido al ver que el hombre esperaba que terminara su episodio galante- ¿En que íbamos?
-Le decía que parece ser que el Mosad sabe de que algunos de nuestros científicos se encuentran en Venezuela protegidos por Chávez y…-el iraní hizo una pausa y miro fijamente a Aquiles, reclamando toda su atención-…y parece que ha enviado, repito, parece que ha enviado unos cuantos agentes a asesinarlos.
-¿Asesinarlos?
-Sí, así como lo oye: asesinarlos. Recuerde que hace un rato le comente que ya han asesinado unos cuantos en Irán y en otros países. Nuestros agentes de la Vevak han detectado que al menos tres agentes secretos israelíes se encuentran en Colombia…
-¿En Colombia?
-Si, en Colombia, exactamente en la Guajira. Ya se lo había dicho.
-¡Aja!
-Más exactamente: se están movilizando con un gran sigilo entre Riohacha, Manaure, Uribia, en fin, esa franja  por donde se mueven los contrabandistas de gasolina. Muchas veces se transportan como turistas utilizando camionetas 4x4. Otras veces en buses de servicio público. Los hemos observado bañándose en las calurosas playas del Cabo de la Vela y cenando en los restaurantes de los hoteles de Riohacha. Acostumbran a reunirse en el malecón de Riohacha para que el ruido de las olas ahogue sus conversaciones. También los hemos detectado cuando pasan la frontera hacia Venezuela pero necesitamos a alguien que les siga el rastro mas de cerca, porque sospechamos que si no nos apresuramos nos pueden asesinar algún científico; pero tiene que ser un colombiano que pase desapercibido para ellos y, lo más importante, que tenga experiencia en seguimientos, camuflaje, y esas cosas que un profesional del espionaje domina. Alguien que este hombro a hombro con ellos sin que sospechen de él.
Aquiles supo en ese instante que esa era su misión.
-Supongo que esa es la misión que me tiene reservada, ¿No cierto?
-Si, de eso se trata. Hemos creído que usted puede ser ese hombre.
-Aja, exclamo Aquiles por toda respuesta. Pero cuando el iraní iba a continuar hablando lo interrumpió.
-Un momento, un momento, barájemela más despacio. Hay muchas cosas que deben ser aclaradas, primero yo trabajo con un banco y no pienso perder mi puesto por irme detrás de unos espías israelitas, -tomo un sorbo de cerveza-  segundo y más importante, nunca me he metido con cosas de crímenes, ese no es mi fuerte, lo mío son robos al banco, seguimiento a empleados sospechosos, interceptación telefónica, usted sabe: las comunes chuzadas, y esas cosas. Mientras Aquiles hacia su discurso el iraní mantenía una sonrisa en su rostro y lo miraba con algo de comprensión.
-Sí, comprendo. Pero todo eso se puede solucionar. ¿Por qué no hablamos de la remuneración? Mi país está dispuesto a pagar una buena suma a quienes nos ayuden a destruir esos agentes del Mosad.
-Aja, dijo Aquiles mientras se tomaba otro sorbo de cerveza y continúo: Yo jamás he matado a nadie y no lo pienso hacer ahora por ningún dinero. Eso jamás ha estado en mis planes. Es más, desde cuando salí del DAS no he tenido un arma en mis manos. Así que no cuenten conmigo.
-Lo entiendo, pero es que usted no va a matar a nadie. Nuestro interés es capturarlos  vivos y llevarlos a Terán para juzgarlos por el asesinato de nuestros científicos. Ese es nuestro trabajo.
-¿Y porque no los han capturado cuando están en el balcón?
Dama Vand se levanto de su asiento y dijo
-Malecón, malecón. Es un muelle que entra unos cuantos metros en el mar. Ya vengo, voy al baño.
Aquiles entendió la estrategia del iraní. Ahora lo dejaba solo para que meditara en eso de la remuneración y que ellos harían la parte sucia del asunto. “No entiendo- pensó - entonces ¿cuál es mi función en esto?
-Diez grandes- le dijo Dama Vand- cuando estuvo sentado nuevamente en la pequeña mesa donde ahora había un nuevo tinto y una nueva cerveza que había servido la misma muchacha de aspecto campesino y piernas sin depilar. Diez –repitió- sin siquiera dirigir su mirada a Aquiles. Tenga en cuenta que usted ya sabe demasiado sobre nosotros- le dijo mirándolo fijamente a los ojos- y eso no es bueno para nadie, menos para usted.
-¿Cuál nosotros?-alcanzo decir Aquiles- Yo no se un carajo de nada…
Pero en ese instante el iraní se levantaba  de su asiento y se dirigía hacia la puerta del establecimiento
-Diez, le dijo al levantarse del asiento- o …,   señalando la yugular con el índice de su mano derecha. Y antes de darle la espalda añadió: “espere mi llamada con la boca cerrada”

Aquiles llego a su pequeña vivienda de interés social, que todavía estaba pagando por cuotas, en un barrio de clase media baja de la capital. Esperaba ansiosamente contarle todo este episodio a Sagrario, su mujer que de un momento a otro debería entrar después de su trabajo como enfermera en el centro de salud a una hora de su casa, en uno de los barrios marginales de la ciudad. Su demora obedecía, sin duda, al torrencial aguacero que caía sobre la ciudad. Llegaría -pensó Aquiles- como siempre que llueve criticando el estado desastroso de las vías, que por la falta de pavimento se convertían en unos lodazales intransitables. Sentado en el viejo sillón, regalo de su suegro antes de morir, veía absorto en la televisión el partido de futbol que jugaba su equipo favorito al tiempo que acariciaba el perrito Pele, de raza French Poodle que permanecía sin inmutarse sobre sus piernas y que el le había regalado a su hijita Mireyita en su ultimo cumpleaños.
-¡Corra, hermano, corra por esa bola! ¿o es que quiere que se la traigan?-gritaba - Eso es falta aquí y en cualquier parte!…uy! este arbitro es un ratero miserable como no pita eso!...tienen que meter a Dago para que le de vida al medio campo!...uy!...¿será que ese van a dejar ganar de esos perros?
Pero la tranquilidad de Aquiles estaba interrumpida a ratos por el recuerdo de esa extraña conversación en que el Iraní lo amenazo de muerte si les negaba su colaboración. Por eso necesitaba hablar con urgencia con Sagrario, pues el sabia que, como siempre había ocurrido, con el solo hecho de narrarle el episodio el entraba en un estado de tranquilidad que le permitía pensar con más calma

-Mijo- grito Sagrario desde la puerta, mientras con medio cuerpo dentro de la casa agitaba el paraguas en el andén para descargarle una buena cantidad de lluvia. Sagrario era bajita y regordeta, pocos años menor que Aquiles, de pelo negrísimo y largo, que se peinaba a veces con una larga trenza o recogido en una moña a la altura de la nuca. -.Mijo, ¿estás ahí, ya llegaste?-continuo diciendo sin darle tiempo de responder.- ¿ya llego la niña?...Pregunto mientras ingresaba a la alcoba donde se encontraba su esposo frente al televisor.
-Si, aquí estoy hace rato, la niña llamo que esta con Tatiana haciendo una tarea.
-No me gusta que se demore en la calle…
-Mija, necesito contarle una cosa-le dijo Aquiles interrumpiéndola abruptamente.
  
   Aquiles le narro a su mujer con todo detalle los distintos encuentros que había temido con el iraní. Sagrario de vez en cuando lo interrumpía para hacerle alguna pregunta que Aquiles, la mayoría de las veces, las contestaba de mala gana. Pero sea lo que fuere, todo el tiempo la voz de Aquiles fue una voz que dejaba conocer el miedo que sentía ante esta absurda situación. No menor era el asombro de Sagrario pues para ella no escapaba la idea de que su esposo se hallaba en serio peligro de muerte.

-Mijo, le dijo Sagrario cuando su marido hubo terminado - ¿y qué significa ese gesto de llevarse el dedo al cuello?
-Eso, en el lenguaje de señas que utiliza el hampa, quiere decir “tuqui, tuqui Lulú”, que  es el anuncio de que lo mataran a uno si no cumple con lo que ellos le exigen.
-Que susto mijo, ¿Qué vamos a hacer?
-No se mija, no nos queda otra que encomendarnos a Dios Nuestro Señor, que es el único que nos puede sacar de este embrollo.

Aquiles y Sagrario ya se habían ido a la cama desde hacía más de una hora, pero continuaban comentando la aterradora situación en que se encontraban por culpa del iraní. Mireyita y el pequeño Pele también dormían desde hacía largo rato. Ya Aquiles se disponía a apagar la luz de su cuarto cuando los sobresaltaron dos suaves golpes en la perta en la calle. Eran golpes que dejaban entrever que solamente querían interesar a Aquiles, a nadie más. Pero el primero en escucharlos fue Pele que de inmediato comenzó a ladrar despertando a Mireyita, que corrió de inmediato al cuarto de sus padres. Aquiles mando la niña a su cama y se dirigió a la puerta a responder el llamado. Todos sus pensamientos le decían que era el iraní que venía a darle un ultimátum.

Pero no era el iraní, eran dos extranjeros de nariz aguileña, altos y de contextura fornida, de piel blanca y pelo rubio levemente ensortijado el uno y de pelo oscuro el otro que no le dieron tiempo de hablar, ya que fue el de pelo oscuro quien hablo primero, en el mismo instante que Aquiles abrió la puerta.
-Somos del Mossad –dijo el de pelo oscuro, mientras ponía un pie dentro de la casa e impedía de esta suerte que Aquiles cerrara la puerta-. Somos del Mosad dijeron los dos al tiempo y necesitamos hablar con usted inmediatamente.
-¿Qué quieren? ¿Qué necesitan? –alcanzo a mascullar Aquiles cediendo el paso a los dos intrusos que atropelladamente ingresaron a la pequeña sala, cerrando la puerta tras de si.
-Ya le dijimos que somos del Mosad.
¿Qué es eso?….no entiendo que necesitan –alcanzo a decir Aquiles antes de que el rubio le dijera con voz muy baja y amable: ¿Podemos sentarnos?  Pero ya estaban sentados en el diminuto sofá de dos puestos recostado a una de las paredes de la sala  y en el momento mismo que Sagrario entraba asustada ajustando una vieja levantadora y componiendo de alguna manera su pelo revuelto.
-¿Qué pasa mijo?- grito con una voz ahogada del terror que le producía ver esos dos hombres sentados en la sala de su casa. Pero su terror se hizo más intenso cuando vio la cara de espanto que tenia Aquiles. Pele no dejaba de ladrar a los extraños y Mireyita, con sus ojos descomunalmente abiertos lloraba en el rellano de la angosta escalera que conducía a las habitaciones del segundo piso.
-¡Calle al perro!- grito el rubio a Sagrario- ¡Y calle la niña!--volvió a gritar.
-¡Serénese señora que no les vamos a hacer nada, solamente venimos a hablar con el señor Aquiles! –dijo el de pelo oscuro.

Unos segundos después Sagrario, la niña y Pele se habían tranquilizado. Aquiles, sentado en un asiento de comedor tenía todavía su respiración agitada, y su voz todavía salía de su garganta con notoria dificultad.

Los dos hombres, después de tranquilizar la familia con voz suave y ademanes tranquilos le informaron a Aquiles que eran *katsas* del Mossad de Israel. Sagrario y Aquiles se miraron sorprendidos pues jamás en su vida habían oído hablar de katsas ni de Mossad, solamente sabían que Israel era un país localizado en un lugar del planeta que ellos desconocían, El de pelo negro, antes explicarles el significado de estas palabras se identifico como Aarón Sachs y su compañero como David Agnon. Y sin mayores rodeos agrego que katsas es el nombre que reciben los agentes secretos del servicio de inteligencia de Israel, llamado Mossad. Y añadió “Aquí les dicen tiras, entiendo”
 --Aja, -dijo Aquiles un poco más tranquilo-

--Ah, los tiras, -dijo Sagrario volteándose hacia Aquiles, ya totalmente tranquilizada, -así le decían a mijo cuando estaba en el DAS.
David aprobó con un leve movimiento de la cabeza la afirmación de Sagrario y  girando hacia Aarón le dijo con amabilidad pero a manera de orden dejando ver que él era el jefe: cuéntales de que se trata, tú hablas mejor el idioma que yo.

-Bien. Lo primero que le diré es que nosotros sabemos que usted se viene reuniendo con un agente de la Vevak, mejor dicho con un agente del servicio de inteligencia iraní al que nosotros venimos siguiendo desde hace algún tiempo. Es un individuo extremadamente peligroso, es un asesino desnaturalizado conocido en la Vevak como U32. Nadie sabe con certeza su nombre.
-
-Dama Vera, -dijo Aquiles intentando reforzar la historia que en ese momento les exponía el agente extranjero  y que tenia verdaderamente absortos a Aquiles y su mujer pues la hijita y Pele habían regresado a su lecho atendiendo una orden de su padre.
-¡Ah, si!, así se hace llamar en esta misión, pero, como le digo dentro de la Vevak es conocido como U32 o “el asesino silencioso” y gracias a esto otros con mas humor que yo lo llaman “colesterol” Lo cierto es que su verdadero nombre es desconocido para nosotros.
-Continua –dijo David algo molesto –no te detengas en detalles que se nos hace tarde.
-Claro dijo el katsa y continuo: nuestra presencia en su país obedece a que estamos llevando a cabo una misión ultrasecreta. Usted comprenderá que no le demos detalles sobre ella. Y es mejor para usted no saber mucho, pues de esa forma su vida estará más protegida…y volteándose hacia David le hablo en un idioma que para Aquiles y Sagrario era absolutamente desconocido. A lo cual el otro katsa hizo un ademan con la cabeza, que todos entendieron como una aprobación. Y continuó diciendo “nuestra misión se está viendo amenazada con la presencia de agentes iraníes tratando de establecer la razón del aumento de nuestra gente en Venezuela. Uno de esos agentes es U32 que desde hace varios meses está en la tarea de reclutar agentes nacionales para que les colaboren.

 Sagrario observo el reloj que colgaba en una pared de la sala y vio que marcaba las nueve y treinta de la noche. ¨No es tan tarde pensó¨ y dirigiéndose a Aarón que estaba más cerca de ella le pregunto:
- Perdón, ¿Su merced qué horas tiene usted?
-Las diez y treinta y cinco- repuso el del Mosad mirando su reloj de pulso y  sin siquiera mirarla. Y Sagrario pensó ¨otra vez se está atrasando, hay que cambiarle la pila¨
Mientras esto pensaba Sagrario, totalmente desvinculada de lo que ocurría en aquella sala, David Agnon le refería a Aquiles que ellos, los katsas, desde un tiempo atrás habían descubierto que U32 los seguía a donde quiera que fueran, utilizando diferentes disfraces.
-¿Qué es lo que dice mijo?- pregunto Sagrario tratando de actualizarse de lo que se había perdido por distraída.
-No mija, ¡despierte!. Póngale cuidado a lo que dice el señor.
-Fue así como descubrimos que U32 estaba tratando de reclutar nacionales para que nos hicieran seguimiento. Por eso decidimos ponernos en contacto con usted, Aquiles, -me permite llamarlo por su nombre ¿cierto?-  Como respuesta Aquiles movió dos o tres veces la cabeza de arriba hacia abajo-… Y el israelita continuo diciendo: debo informarle que estamos enterados de lo que planea U32 que usted haga y creemos que le irá mejor si trabaja para nosotros…
-¿Trabajar para ustedes?- pregunto Aquiles interrumpiendo a David y dejando ver que aquella extraña propuesta lo llenaba de terror- …yo ya trabajo para un banco y no estoy buscando puesto…además, no entiendo que es lo que pretenden ni ustedes ni el  tal U32.
-Aquiles, entienda, si trabaja para nosotros, nosotros le brindaremos protección, porque de lo contrario su vida corre peligro, pues o lo mata U32 por no colaborarle o lo matamos nosotros para quitarlo de nuestro camino.
-¡Es cierto! –dijo Aarón- ¡Muy cierto! –volvió a decir mirando a David, que en ese momento observaba la hora en su reloj
-¡Jesús Credo! ¡Ave María Purísima!- exclamo Sagrario apenas escucho la terrible amenaza que proferían los katsas  contra su marido, a quien le brotaba de todos sus poros un sudor frio que lo obligo a abanicarse con la levantadora estampada con imágenes de balones de futbol, regalo de Sagrario en su último cumpleaños.
-¿Y porque no lo matan ustedes y se acaba con todo este embrollo?
-Buena pregunta, dijo Aarón. Lo que pasa es que nosotros no podemos matar extranjeros así como así en este país. El embajador no nos ha autorizado todavía.
-¿Cuál embajador?- pregunto Aquiles poniendo cara de sorpresa, pero, a decir verdad, ya se imaginaba la respuesta.
-El de los Estados Unidos, por supuesto- respondió Aarón, mostrando su extrañeza de que Aquiles desconociera quien daba las órdenes en su país.
-Bueno…-alcanzo a decir David y antes de terminar la frase Aquiles se había ya levantado de su asiento con algo de satisfacción en su rostro, que hasta ahora solamente mostraba signos de preocupación y desconcierto. –No todavía no nos vamos, entienda que antes debemos terminar esto solamente quiero saber que decisión toma sobre nuestra propuesta.
--Pero…pero- exclamo Aquiles. Sagrario, que no había puesto mucha atención a lo que los katsas proponían a su marido, rezaba Padre Nuestros y Aves Marías uno tras  otro, y le pedía a los muchos santos de su devoción que los sacara de aquella situación tan embarazosa en que se encontraban. Sagrario indudablemente se encontraba en estado de shock.
--¿Pero que, Aquiles?...usted me autorizo a llamarlo por su nombre ¿cierto? Aquiles movió la cabeza en señal de asentimiento.
--Pero nada-- continuó diciendo el katsa--, espero su respuesta maña antes del anochecer. Y mejor para ustedes que sea positiva.

Los israelitas se levantaron al unísono e improvisaron una ceremoniosa despedida con frases de cajón como que tengan buena noche, que duerman, felices sueños, etc. y abandonaron la casa de los Barreto dejando a Aquiles hondamente preocupado y a Sagrario anegada en llanto.

Pero Aquiles permaneció algunas horas despierto en su lecho mientras Sagrario dormía profundamente. Después de unas pocas horas lo despertó el brusco movimiento de su mujer al abandonar la cama en busca de Mireyita a quien el tiempo ya le era escaso para salir al estudio.

--Mija –le dijo a su mujer esbozando una franca sonrisa—tengo un plan.
--¿Qué plan?
--Para deshacerme de esta gente
--¿Cuál es?
--Nadie puede saberlo, solo yo. Y no hablemos más de éste asunto.

Inmediatamente se dirigió al computador y comenzó a buscar en Youtube videos sobre pueblos cercanos a Bogotá. Finalmente se detuvo en uno y anoto la dirección URL en un papel: 

Cuando su mujer hubo salido para acompañar la niña al colegio Aquiles tomo su teléfono e hizo dos llamadas, en cada una de las cuales leyó a su interlocutor la dirección URL que tenia anotada en un papel.

Dos días después, al medio día,  Aquiles se sentó ansioso ante su viejo televisor a escuchar las noticias. Y el noticiero abrió así: dos extranjeros muertos y un capturado por la policía en Tenjo, Cundinamarca, a cuarenta kilómetros de Bogotá. Por motivos aún desconocidos ayer a las ocho del anoche se presento una fuerte balacera entre tres individuos, un iraní y dos israelitas. En la refriega falleció de un balazo en la cabeza uno de los israelitas y el iraní por una bala que le atravesó el pulmón. El iraní llego muerto al hospital de Tenjo. Una niña de nueve años fue herida por una bala perdida, pero afortunadamente se encuentra fuera de peligro. Manténganse en sintonía que seguiremos informando. Sigan ustedes en estudio.

Y Aquiles sonrió con algo de picardía mientras cambiaba al canal que transmitia un partido de futbol. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario