-¿Alo?,
-¿Con quién?
- Con el investigador Aquiles Barreto.
-Señor Barreto habla con la asistente de la secretaria privada del embajador de Japón.
-¿Ah, si? no jodas .Entonces yo soy el presidente. Dejémonos de vainas que estoy muy ocupado. ¿De qué se trata, ahhhh?
-El señor embajador le quiere hablar. Ya se lo paso.
Breve silencio. Aquiles, expectante, permanece al teléfono
-¿Aluuúú? ¿Quién hablal allá?
-Aquiles Barreto. ¿De qué se trata?
-Hablal el embajadol Yushio Ozawa. Señol Baleto, nosotlos sabel usted sel glan investigadol de lobos a bancos. Nosotlos tenel lobo de valioso cuadlo y quelel atlapal ladlon plonto. Yo quelel hablal pelsonalmente con usted. ¿Se puede?
-¿Y yo como saber, digo …como se que usted si es el embajador y no un farsante?
-Búsque númelo embajada en dilectolio telefónico y llámeme. Espelo su llamada, señol Aquiles.
Aquiles dejo escapar un sonrisa de escepticismo, se recostó en su muy deteriorado asiento, le bajo el volumen al partido de fútbol que estaba escuchando y pensó que nada perdía con marcar un número telefónico para ver a que conducía toda esta patraña.
-Buenos días. Usted esta comunicado con la embajada del Japón ¿En que le podemos servir?
-Por favor comuníqueme con el señor embajador
-¿Quien lo necesita?
-Aquiles Barreto, inves…..
-Ah don Aquiles… el embajador esta esperándo su llamada. Ya se lo paso.
-Oh doctol Aquiles como le agladezco que me llame.-El investigador Aquiles se quedo estupefacto al comprobar que realmente estaba hablando con el embajador de la segunda potencia del mundo, pues en siete años de servicios al Banco Supremo jamás había hablado con el presidente de esa institución. –Yo hablal muy mal el español –continuo diciendo el embajador- pol favol venil a embajada y hablal con mi homble de confianza…pleguntal pol señol Molita, el infolmal todo del cuadlo lobado. Es muy impoltante pala nosotlos. Aquiles escasamente entendía la pronunciación del embajador pero logro entender con dificultad que fuera a la embajada y preguntara por el señor Molita.
El embajador se despidió muy ceremoniosamente y Aquiles permaneció durante unos segundos en estado casi catatónico. Al recuperarse del trance en que se encontraba se preguntó
-¿Qué diablos es ésto? ¿Era ese señor el embajador del Japón llamándome a mí para una investigación? Tiene que ser porque yo marqué el número del directorio y me contestaron de la embajada. ¿Voy o no voy? esa es la cuestión. ¿Le cuento a mi jefe o no le cuento? No debo contarle porque me llamaron a mi y no a él. Durante largo rato Aquiles continuó debatiéndose en un montón de dudas y al fin decidió que al terminar su jornada de trabajo iría a entrevistarse con el señor Molita.
La recepcionista era una japonesita amable y sonriente que inmediatamente hizo venir al señor Molita cuyo inconfundible aspecto era el de los oriundos de ese pais: pelo negro y lacio, ojos rasgados y mediana estatura.
-¿Señor Aquiles?– le dijo con perfecta pronunciación castellana- lo estaba esperando. El señor embajador me pidió que le contara todo sin ocultarle nada. Vamos a mi oficina.-Y lo condujo a una amplia oficina que daba al hermoso jardín interior de la embajada. Se sentaron en sillones de cuero, uno frente al otro. Enseguida entro una camarera que le ofreció té de jazmín que Aquiles acepto de inmediato.
-Los jazmines llegan desde Kyoto por encargo del señor embajador. Para aclararle las dudas, pues entiendo que usted es extremadamente perspicaz, la importación es absolutamente legal, aunque engorrosa.
Aquiles solamente sonreía y por su mente no había pasado ninguna idea referente a la importación de jazmines.
-Bueno Aquiles , vamos al grano, puedo llamarlo por su nombre ¿no cierto?
-Claro que sí.
-Resulta que la semana pasada, el jueves para ser exactos fue sustraído de la oficina privada del señor embajador el valioso cuadro…que digo, valiosísimo cuadro del “Yakumo no Chigiri” del reconocido, pintor Japónés del siglo XIX Eisen Tomioka, importante representante del estilo Shunga. Mide 38.75 cms de ancho por 26.25 cms de alto y como todos los cuadros de la escuela Shunga es un grabado erótico. El precio del cuadro es de varios millones de dólares pero un ignorante en arte lo vendería por unos pocos dólares. Sería una perdida irreparable para el Japón. Usted debe recuperar ese cuadro. El señor embajador tiene plena confianza en usted. Ah, otra cosa, por instrucciones del señor embajador no se le ha informado a las autoridades del país. Usted entiende, detrás de las autoridades vendría la prensa y se sabría el valor real y la importancia del cuadro para el Japón. ¡Ahí sí que no lo volveríamos a ver! Le ruego que no comente con nadie este desagradable suceso. He hablado mucho, le ruego que me disculpe…¿tiene usted alguna pregunta?
-Si, ¿Dónde aprendió tan bien el español?
-Ah si, ya veo: en mi pueblo Yacuanquer.
-Pero lo habla usted excelente. Debe haber una magnífica academia de idiomas allá…Es que los Japóneses….!
-Yacuanquer queda en Nariño, Aquiles, en Nariño.
¡Ah carachas! Exclamó Aquiles que no salía de la sorpresa ante la inesperada respuesta. Entonces ¿a qué debe su apellido Japónés Molita?
-No es Japónés, ni es Molita. Me llamo Isauro Mora, me dicen cariñosamente Morita, y como a ellos les da trabajo pronunciar la ere me quede en Molita. Usted me dirá por donde va a comenzar la investigación. Puedo decirle que por dinero no se preocupe, su trabajo será recompensado generosamente. El canciller autorizó una gruesa suma de dinero para quien recupere el cuadro.
Aquiles no salía de su asombro. Una corriente fria recorrió todo su cuerpo. En realidad no tenía ni la más remota idea de por donde comenzar la investigación.
-Me gustaría hablar con el señor embajador- le contestó sin saber por qué.
-Eso si va a estar difícil hoy porque el señor Ozawa estará todo el dia con el presidente de la República. Usted sabe: por el asunto ese del metro que los Japóneses quieren construir en Manizales.
-Entonces con el portero- respondió de inmediato Aquiles
-¿Con el portero? ¡Que extraño! Usted es un investigador impredecible . Yo pensé que comenzaría como en las películas…revisando la escena del crimen…pero bueno si usted quiere…
-¡No, no! precisamente estaba por decirle que prefería hacer un recorrido por la escena del crimen.
-OK, lo llevare a la oficina auxiliar del señor Ozawa. De allí fue sustraído el cuadro. Por favor sígame.
La oficina auxiliar del embajador era un pequeño cuarto adjunto al despacho principal. En el suelo había un pequeño colchón con una extraña almohada en forma de rodillo donde el embajador reposaba después de sus frugales almuerzos. Adosado a la pared un mueble de dos cuerpos, en madera, que iba de extremo a extremo. En los compartimientos superiores había libros y porcelanas, en los inferiores cajones de muy variados tamaños, que iban en hilera hasta el piso. Era, sin lugar a dudas, una extraordinaria obra de carpintería fina.
-De aquí fue descolgado el cuadro por el ladrón- le dijo Molita a Aquiles mientras le señalaba un clavo en la pared encima del rodillo que servia de almohada al embajador.
¡Ajá!- exclamo Aquiles
-Lo extraño en todo esto es que a este cuarto son muy pocas las personas que tienen acceso
¡Ajá!- volvió a exclamar Aquiles-¿y quienes son?
-Bueno pués sin ser invitados por el señor Ozawa entra la aseadora, pero entre las seis y siete de la mañana. Los demás tienen que ser invitados por él: entre ellos la secretaria, cuando la llama por el intercomunicador, el chofer cuando lo hace venir a recoger el maletín o cuando viene a dejarlo, y yo, pero muy esporádicamente. Se puede decir que este es un cuarto ultraprivado del señor Ozawa.
-Ajá, ya lo veo- dijo Aquiles mientras tomaba de la pared-mueble un hermoso jarrón de porcelana que por poco se escapa de sus manos ante la exclamación de Molita “por favor, no la toque, todos son de la dinastía Ming”
Temblando como un ratón acorralado, Aquiles devolvió la porcelana a su lugar.
-Dice el señor Ozawa que perteneció al emperador Jingtai, el que encarceló a su hermano el emperador Zhengtong….usted sabe…
¡Ajá!,-exclamo Aquiles sin entender nada de lo que decía el señor Molita.
-Pero tranquilícese, al morir Jingtai Zhengtong volvió ser emperador hasta su muerte.
-¡Humm!- dijo Aquiles absolutamente despistado, pues no había entendido nada de lo que Molita le decía.
-Bueno –dijo Aquiles- creo que es suficiente por hoy. Me gustaría organizar mis ideas para ver de qué manera oriento la investigación. Si usted no tiene inconveniente mañana regreso para iniciar los interrogatorios
-Esta bien, talvez mañana pueda usted hablar con el señor Ozawa.
Pero Aquiles no se retiro inmediatamente de la edificación. Decidio escudriñar sigilosamente algunos de los sitios que sospechaba el ladron había utilizado en su recorrido después de sustraer el cuadro. recorrió los cuidados jardines exteriores, miro con sigilo las amplias fachadas de la enorme casa, sede de la embajada, visito el estanque donde las carpas danzaban su eterna danza d e idas y venidas. Pero a pesar del enorme interés que ponía en cada revisión nada sospechoso encontró el pequeño investigador. Todo en aquel lugar estaba en su sitio manteniendo un notorio orden prefijado por la mano de meticulosos empleados. Aquiles, entonces, se marcho.
-Aquiles, carajo, ¿es que está sordo?- le grito la señorita Maria Helena, secretaria de su superior,- ¿no oye que lo estoy llamando? ,…¡que pase a la oficina del jefe!
El investigador, en ese momento, escuchaba en un diminuto radio el programa sobre futbol “Las Primas Donas” y nada en el planeta lo sumergía en una concentración igual a la que alcanzaba con este programa en que tres locutores vociferaban sobre los partidos de futbol y que Aquiles jamás dejaba de oír.
Sin retirar el radio del oído llego hasta la puerta donde se detuvo un instante para escuchar unos comentarios sobre un dudoso gol en uno de los partidos del día anterior.
-Aquiles, carajo, lo mande llamar hace rato,
-Doctor …es que…
-Nada…seguramente esta pegado de ese radio oyendo futbol…
-No doctor, como se le ocurre.
-Bueno …bueno. El presidente ordeno que continúe con la investigación esa en la Embajada de Portugal…
-Del Japón, interrumpió Aquiles, con la voz temblorosa, mientras trataba de establecer por qué el presidente del banco sabía de su investigación, que al parecer se convertía en un trabajo más del banco .
-Donde sea, carajo, …ah, y después hablamos sobre este asunto.
La pequeña figura de Aquiles abandonó la oficina caminando hacia atrás, sin retirar la vista de su superior, que sin ocultar su cólera hacía el ademán de buscar unos documentos entre los papeles que reposaban sobre el viejo escritorio de estilo clásico, pasado de moda, herencia del primer presidente del banco, cincuenta años atrás.
Cuando Aquiles se presento a la embajada todos los funcionarios se encontraban en sus puestos desde hacia dos horas, menos el embajador que a esa hora jugaba golf con el embajador de los Estados Unidos en un exclusivo club a las afueras de la ciudad y comentaban, en voz muy baja y en inglés, el incidente del cuadro.
-Pero Yushio-le dijo el embajador Martin Paterson, que en ese instante se disponía a hacer un lanzamiento en el hoyo siete- ¿Cómo fuiste a pedir colaboración a un banco si nosotros te podíamos haber ayudado con la CIA o el FBI? Tú sabes que en éste país tenemos tantos agentes secretos como en Europa durante la Guerra Fría.
-Si, lo sé, - respondió el japonés con una amplia sonrisa- pero eso es lo que me da temor: todos esos agentes tuyos metidos en mi embajada. Cro que es el único lugar en este país que no está sembrado de microfonos de ustedes. El embajador Paterson sonrió. - Pero si el señor Barreto no me da resultado buscaré tu colaboración.
Al mismo tiempo Aquiles y el señor Molita estaban reunidos en una de las salas privadas de la embajada. Aquiles con una indescriptible expresión de sorpresa, observaba algunos de los pequeños cuadros que colgaban en la pared. U observaba la perfecta figura de rasgados y brillantes ojos negros, de Takako que le servia con exquisita ceremoniosidad un té de jazmines.
- Son de estilo Shunga, como el robado –dijo el señor Molita- tratando de traer a Aquiles a la conversación. Cuenta el señor Ozawa que con esas imágenes enseñaban educación sexual hace varios siglos. Seria bueno que comenzáramos a trabajar. ¿Puedo saber su plan o prefiere no comentarlo?
-Ah!- exclamo el investigador- sin salir de su asombro y sin retirar su vista de los cuadros, ni de Takako. Si, claro, me gustaría hablar con el señor embajador.
-Lamentablemente el embajador nos aviso que solamente vendrá en las horas de la tarde. Si le puedo ayudar en algo, por favor dígame. Daré instrucciones de que le presten la colaboración que necesite.
-En ese caso me gustaría hablar con la aseadora de la Embajada -dijo Aquiles sin siquiera saber por qué pedía la presencia de esa funcionaria.
-La señora Atsuko no habla español, solamente japonés. ¿Quiere que el intérprete oficial los acompañe?
-No, no hace falta. Entonces con la secretaria del embajador-dijo Aquiles inmediatamente.
Aquiles corrió a continuar observando los grabados Shunga cuando el señor Molita salio en busca de la secretaria del embajador. "Esto –pensaba- es pornografía pura …¿a quién se le ocurre robarse semejante cosa?...¿dónde diablos cuelga uno un cuadro como estos?" Sus cruentas criticas fueron interrumpidas con la entrada de una mujer de mediana edad y corta estatura, de claros rasgos orientales pero vestida con indumentaria occidental que inclino levemente su cuerpo ante el investigador, que se sonrojo al verse sorprendido observando aquellos grabados.
-¿Necesitalme usted, señol?
-¿Es usted la secretaria del señor Ozawa?
-Sí, yo sel.
-¿Cuál es su nombre?, pregunto Aquiles mientras se escarbaba un oído con la punta de un esfero.
-Michiko,
-Muy bien señora Michiko, ¿Qué sabe usted del cuadro?
-Que se lo robaron, señol
-Ajá –repuso Aquiles, mientras con las manos en el bolsillo subía su pantalón, algo caído - y quién cree que se robó el cuadro.
-No sabel quien, señol. Sel vez plimela peldelse cosa en embajada.
-Ajá. ¿Notó algo extraño, fuera de lo normal, en la embajada el día del robo?
-No, ese fue un día nolmal como todos los antelioles.
-Ajá. Cuénteme ¿qué llama usted un día normal en la embajada?
- Vela: Atsuko alegla el despacho del señol embajadol y la oficina plivada. El señol Molita despacha sus asuntos en la suya y solamente entla cuando el embajadol me pide que lo haga entlal; Akira, el chofel, plepala el melcedes y espela en el galaje haciendo mecánica, hasta que embajadol me pide que se lo llame. Yasunari, el jaldinelo, liega las plantas, quital hojas secas, da alimento a peces del estanque; casi nunca entlal al despacho del embajadol. Takako, mi asistente, colabola con atención telefono, pasa caltas a maquina y no entlal despacho señol Ozawa, sino cuando entlal conmigo. Además habel cónsul, aglegado milital, comelcial, y otlos pelo día lobo ninguno estaba polque habían ido a embajada Egipto a algo soble escritol Naguib Mahfouz.
-Ok -repuso Aquiles como cosa rara, en cambio de su acostumbrado “ajá”, mientras pensaba si había oído ese nombre alguna vez como jugador de la selección nacional de futbol de Egipto- eso es todo por ahora, señora Michiko, por favor: ¿quiere decirle a su asistente que venga? Gracias.
Mienta esperaba, frente a la ventana, la llegada de Takako, Aquiles, ansioso, frotaba su garganta con el dorso de la mano buscando algunos pelos que se hubieran escapado en la afeitada de la mañana, como tantas veces le sucedía. Al mismo tiempo pensaba que a esa hora Las Primas Donas estarían ya enfrascados en una acalorada discusión, sobre algún incidente del futbol pasado, presente o por venir.
Eran tan suaves las pisadas de Takako que Aquiles solamente la descubrió detrás suyo, silenciosa, cuando se volteo, algo impaciente por la supuesta demora de la asistente.
Sin siquiera sonreír, Takako hizo una corta inclinación ante el investigador que desde que la vio comenzó a arreglarse la vieja corbata ocre con rayas verdes que no cuadraba con su chafado vestido azul oscuro. “Que bombón, Dios mío, que bombón”, pensó Aquiles y le dejó ver sus grandes dientes, amarillos de nicotina, a manera de conquistadora sonrisa. Takako no se inmutó, su rostro no produjo ni el más imperceptible movimiento.
-Tú eres Takako, ¿reinita?
-Si señor, respondió pronunciando la eñe perfectamente.
-No me vayas a decir que también eres de Yaquanquer como Molita, le dijo acercándose melosamente, obligando a la asistente a dar un paso atrás para mantener una distancia prudente.
-No señor soy de Tokio
-¿Y eso donde queda, cariño? ¿en Japón?-preguntó sonriente el investigador, arreglándose otra vez el nudo de la corbata.
-Tokio es la capital de Japón, respondió Takako, dejando ver una muy sutil señal de disgusto, que Aquiles percibió.
-Ajá…contesto Aquiles arrancando un pelito de la nariz.
-Y ¿a qué hora sales?- pregunto Aquiles subiendo las cejas y sin dejar de sonreír.
-Señor, ¿esa pregunta es parte de su investigación o me esta insinuando algo?- preguntó Takako dejando ver en su rostro un profundo disgusto.-hablaré con el señor Osawa.
-No, entiéndame, por favor, es que quiero establecer si usted se encontraba en la embajada a la hora del robo.
-Pues pregúnteme eso para contestarle que no, que estaba en una cita médica aprovechándo que los altos funcionarios no estarían esa tarde. ¿Es todo?
-Sí, es todo, puede retirarse- le respondió Aquiles en una espantosa turbación, mientras se arreglaba otra vez el nudo de la corbata.
Takako abandonó la oficina, pero mientras cerraba la puerta se dirigió a Aquiles para preguntarle ”si le podía ayudar en algo más”
-No gracias-contestó Aquiles sin dejar se sentir un enorme temor que le recorría todo su cuerpo, -o sí, por favor, avísele al señor Molita que mañana vuelvo a continuar la investigación.
Cuando Aquiles le contó a su mujer que la asistente no entendió que el quiso ser amable con ella, su mujer lo tranquilizó diciéndole que “esas taradas son todas iguales, no saben nada de cortesía, verás que mañana te va a pedir disculpas”
Pero Aquiles descubrió, frente a la puerta de la embajada, que no estaba tan tranquilo como creía después de haber conversado el incidente con su mujer. Temblaba, en realidad. Por eso llegaba casi dos horas tarde.
-El señor embajador quiere hablar con usted inmediatamente- le dijo Takako cuando pasó frente a ella caminando con sus piernas levemente torcidas hacia el salón donde realizaba las entrevistas.
Un sudor frió recorrió todo el cuerpo del investigador. Temblorosamente arreglaba su corbata, la misma del día anterior, mientras se repetía como un mantra “tragáme tierra, tragáme tierra, esta vieja le sapió todo al embajador y ya lo debe saber el presidente del banco…Dios mío, me van a echar, para que vine a meterme en este bollo, tragáme tierra”. De repente se abrió la puerta de la oficina del embajador y apareció un señor de inconfundible aspecto oriental que lo saludo con gran efusividad. Era el embajador Osawa.
-Doctol Aquiles, lo felicito, apaleció cuadlo. Todos en embajada estal muy felices. Cleemos, sincelamete, que ladlon devolvio cuadlo pala no velse sometido a su intelogatolio. ¿Qué le pasa doctol Aquiles, no estal contento también?
Aquiles estaba tan asustado que todo lo que dijo el embajador llovió sobre él como el agua sobre un pingüino. El embajador lo condujo hacia una pequeña salita donde lo aguardaban sonrientes los empleados de la embajada, que lo recibieron con un sonoro aplauso mientras en coro gritaban ¡F e l i c i t a c i o n e s, d o c t o l A q u i l e s! Aquiles recorrió rápidamente los rostros sonrientes y notó, con algo de tristeza, que solamente faltaba la bellísima Takako.
Junio 3 de 2010
DIEGO CASTANO NICHOLLS
miércoles, 7 de abril de 2010
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Mi nombre es Aquiles Barreto, que coincidencia. De dónde tómo el nombre de Aquiles Barreto para su cuento? No me creería si le sigo diciendo que me estoy doctorando y que soy investigador!!! Pareciera que me conoce.
ResponderEliminarAquiles Barreto es un compañero del gimnasio que yo frecuento en Bogota, donde vivo. En el cuento ¨La Investigacion exhaustiva tambien aparece haciendo la investigacion. El nombre lo escogi por la sonoridad y porque los investigadores parece que no tuvieran muchos tocayos. Ademas Aquiles esta conforme con que yo use su nombre. Gracias
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