DIEGO CASTANO NICHOLLS

domingo, 7 de marzo de 2010

El Orquidiofilo

                                     El Orquidiófilo

El más importante jurista del país, don Amadeo Salazar Portocarrero, recibió del presidente de la República de Escobária la orden de fundar un organismo que se encargara de aglutinar en una sola las muchas dependencias para la investigación de delitos de que era victima el país, ya que por esa época cada instituto o ministerio, tenia su pequeño pero eficiente organismo de vigilancia. Cientos de detectives, investigadores, caza recompensas, auditores, espías y soplones quedaron cesantes. Unos pocos pasaron al nuevo órgano de investigaciones creado por el doctor Amadeo, siguiendo los lineamientos de la Misión Adams, que dirigía el ex-policía y ex-detective, nacido en Bogota, condado de Bergen, en New Jersey, Estados Unidos, mister James Washington Adams que se había formado en las distintas técnicas de controlar el crimen en las calles de su ciudad natal. El transmitió a sus discípulos las técnicas de interrogación con agua que consistían en sumergir la cabeza del acusado en piletas hasta el limite entre la vida y la muerte por inmersión, asímismo las técnicas de interrogación por aire, caso en el cual al acusado se le ponía una bolsa plástica en la cabeza impidiéndole la entrada de aire para que sufriera los terribles suplicios de la asfixia; otras eran la de la luz intensa frente a su cara, la del sueñus interruptus en que se le impedía dormir durante días, la llamada Alemana en que al prisionero le introducían una manguera por la garganta u otro orificio y lo llenaban de agua, y muchas otras de comprobada eficiencia que hacían la felicidad de los alumnos de mister Adams. Pero mister Adams no solo era experto en técnicas de investigación y seguimiento. Sus ratos de ocio en Bogota los destinaba a dirigir una Organización No Gubernamental (ONG) llamada “Por los derechos humanos” que tenia ramificaciones en varios países del tercer mundo y cuya función primordial era hacer escándalo en la prensa de Bogota y de San Diego, California, donde la hija de Adams trabajaba como recepcionista del matutino de la ciudad. Esto ocurría cada vez que en algún país distinto de USA, mostraban en sus periodicos un criminal con rasguños, como ocurrió cuando mostraron a Ruleta con un pequeño hematoma en la cabeza, producto de la caída por la ventana, cuando trataba de escapar a la justicia que lo perseguía por las repetidas violaciones a niñas menores de diez años. 

Durante su permanencia en Escobária mister Adams, como asesor de seguridad, viajó por el país recolectando orquídeas que enviaba a Bogota, utilizándo la valija diplomática, donde su hermana media Alice las vendía a precios escandalosos entre los orquidiófilos. El fue quien encontró el famoso ejemplar de la Orphrys Apifera desconocida hasta ese momento en este continente y que era el orgullo del continente europeo. Lloró como un niño ante la extraordinaria belleza del raro ejemplar que contempló absorto durante horas. Con la extrema delicadeza que recomendaba a sus alumnos la técnica del estrangulamiento por cordel, embaló el raro espécimen con destino a Bogota. Su media hermana lo vendió a un millonario orquidiófilo por una suma cercana a los veinte mil dólares. Suma que Alice invirtió en acciones de compañías que recomendaba un mago de las finanzas de Wall Street, compañías que tenían el gran atractivo de no dar dividendos durante varios años pero tendrían en el mismo período una enorme valorización que resarciría con creces al comprador "persistente y de nervios de acero", como rezaba la propaganda, de la falta de dividendos. Lo que Alice no invertía en acciones lo invertía en la mina de oro de Burkina Faso que le recomendó el mago de Wall Street como mejor inversión que las acciones, pues en muy poco tiempo el precio del oro subiría hasta las nubes. Mister Adams, al regresar a Bogota, después de dejar organizado y funcionando a la perfección el Instituto Nacional de Investigaciones –INI-, se encontró con que el mago de las finanzas debió abandonar los EE.UU por utilizar información privilegiada en provecho propio y se encontraba asesorando en materia financiera al gobierno de una república bananera del tercer mundo. Las compañías en que Alice había invertido habían quebrado todas y mister Adams, tratando de salvar el poco dinero que le quedaba, conseguido con tanta honestidad, como el decía, se traslado a Ouagadougou para investigar sobre la mina de oro, de la que nadie había oído hablar en Wall Street. Los políticos de Ouagadougou, que desconocían la existencia de la mina de oro, le recomendaron viajar por tierra a Koudougou pues era muy probable que la mina quedara por esos lados, aunque más bien podía tratarse de una mina de fosfatos, puesto que el país no era un productor de oro. Mister Adams viajo Koudougou acompañado de un guía nigeriano y traductor al francés que años atrás se había quedado encallado en aquél país cuando llego invitado por un ruso blanco, pariente cercano del conde Yusupov, a explotar un restaurante de comida vietnamita a base de algas marinas, al que nadie entraba, por no ser la sazón del agrado de los nativos, ni de nadie. Mister James Washington Adams a su llegada Ouagadougou hizo que lo llamaran mister Washington, y no mister Adams, porque –pensó- de esa forma lograría el respeto de la clase dirigente del país y recuperaría rápidamente su mina de oro, o lo que quedara de ella, para regresar a la tranquilidad de Bogota. La estratagema no le dio ningún resultado como quiera que casi nadie en el país sabía de la existencia de alguien con ese extrañísimo nombre, lleno de consonantes, tan difíciles de pronunciar. Durante varios años nadie supo más nada de mister Washington, hasta cuando el periodista George Stanley, del más importante diario de Bogota, viajó en su búsqueda hasta Ouagadougou. Allí supo que probablemente se trataba de un profesor de inglés que vivía en un pequeño poblado de nombre imposible, cercano a Bobo-Dioulasso, hasta donde se trasladó. Al encontrar al anciano profesor lo saludo con la frase que haría historia en Bogota y que publicaron todas las revistas de seguridad del mundo:
-¿Mister Adams, supongo?.
-Oui, dijo el anciano, que ya hablaba algo de francés.
-Vengo a llevarlo de regreso a Bogota
-OK, pero para mi será el setenta por ciento de lo que va a recibir por la historia.
-Oh, sheet* –exclamo el señor Stanley. Y se regresó a Bogota sin el anciano avaro.

Marzo 2010

*Mierda.

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